Amar como Jesús, sin límites ni fronteras

"Con gritos de júbilo anúncienlo y proclámenlo; publiquenlo hasta el confín de la tierra. Digan: El Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya". (Is 48, 20)

Hoy rendimos homenaje a todas las madres generadoras de vida y que se donan a sí mismas para el desarrollo y bienestar de sus hijos; mismo tiempo, pedimos a Dios Padre que les conceda la gracia y fortaleza de ser consecuentes con el don de su maternidad, para que custodien la vida. La maternidad, como la vida cristiana, está fundamentada en el amor; para profundizar en esto, la primera lectura nos muestra, por medio de Pedro y de la Iglesia primitiva, la manera en que Dios manifiesta la universalidad de su amor, que no hace aceptación de personas porque proyecto de salvación es para todos. Así, la carta del Apóstol san Juan nos ofrece una bellísima reflexión que revela al Dios de Jesús, es decir, el Dios del amor. Queda claro que el Amor viene de Dios, nace en Él y se comunica a todos sus hijos; de este modo, la auténtica vida cristiana es la práctica del amor. Por esta razón, en el Evangelio, Jesús insiste a sus discípulos en la vivencia del único mandamiento que les dejó: «que se amen unos a», y la medida de ese amor la pone El mismo, «como yo los he amado» . Nuestra misión como disciplina es continuar creciendo en la apertura al auténtico amor, acogiendo a todo aquel que por gracia del Espíritu desea cooperar con la construcción del Reino, o está necesitado de la misericordia y el amor de Dios. En esta medida abrimos nuestro corazón para aprender a amar a la medida de Jesús, sin límites ni fronteras. Durante esta semana que inicia, prestemos mucha atención a la liturgia que nos permitirá contemplar la audacia misionera del discípulo que se ha dejado transformar por el amor de Jesús Resucitado y permanece unido a Él.

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