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Preparen los Caminos del Señor

"Pueblo de Sion: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. 
El Señor hará oir su voz gloriosa en la alegría de su corazón".
(Is 30, 19. 30)

Apreciados hermanos, este domingo ya nos va introduciendo en la dinámica de la alegría que traerá la venida del Señor al mundo, destellando así la esperanza de una nueva vida. La Liturgia del Adviento nos ofrece una invitación constante a preparar el corazón y los espacios en los que nos desenvolvemos y por donde pasa y quiere volver a pasar el Dios de la Vida. Por eso, hoy nos ofrece el testimonio de tres personajes que son evocados para recordarnos el momento que se avecina: Baruc, Pablo y Juan. El profeta Baruc nos invita a despojarnos de todo traje de luto para revestirnos de fiesta y gozo, pues Dios guiará a su pueblo y revelará su misericordia y su justicia. Pablo, por su parte, nos exhorta para que el Amor crezca más y más en y entre nosotros, los discípulos de Jesús, de tal manera que el conocimiento que tenemos de Dios sea una experiencia vital para cada uno. Finalmente, el evangelista san Lucas nos presenta a Juan el Bautista, quien nos alienta a preparar el camino del Señor realizando procesos de transformación y conversión personal y social, para poder contemplar la Salvación de Dios. Durante esta semana, respondamos a los llamados que nos  hace la Palabra para poder preparar nuestra vida y decir siempre «Si», como  María, permitiéndole al Señor que se encarne en nuestra vida y nuestra realidad personal, para renovar juntos la Iglesia.

Señor, indícanos el camino a seguir.

Dios bueno y todopoderoso, nos falta mucho por aprender como discípulos, aún más en practicar tu mensaje: por esto, amado Señor no dejes de indicarnos el camino, corregidnos en el error y animarnos a perseverar en la fe a la que nos has llamado Te damos infinitas gracias por tu salvación, por la gracia del Bautismo; por esto te pedimos que no permitas que nos distraigamos en lo que no es fundamental, sino que permanezcamos y perseveremos en el seguimiento de Cristo. Santísima Virgen María, Tu que eres modelo del creyente, animanos a hacernos esclavos alegres del Señor, fieles trabajadores de su Reino y dignos miembros de la Iglesia a la que deseamos servir. Amén.

Señor, no te apartes de nuestro lado.

Señor Jesucristo, enséñanos a llevar nuestra cruz con amor y fortaleza. Que cuando se haga pesada, sepamos acomodar el hombro de nuestro amor y nuestro empeño para vivir con fortaleza cada momento difícil de dolor, angustia y desesperanza. Enseñanos, Tú que eres bueno, a reconocer que cuando nuestra cruz se hace liviana, no es por nuestra grandeza o fortaleza, sino porque Tú la vas cargando a nuestro lado. Gracias, amado Señor, porque nos amas tanto que muchas veces te haces como el cireneo y nos ayudas a cargar la cruz de la enfermedad, el desempleo, la tristeza y la injusticia. Señor, aún cargas cruces que no te corresponden, pero que con amor llevas; por esto, permítenos ser "cireneos" para con nuestros hermanos de tal manera que ayudemos como Tú nos has ayudado. Madre y Maestra nuestra, Virgen Sagrada María, Tú que estuviste al pie de la cruz de tu Hijo, no permitas que nos apartemos de tu lado. Amén.

Señor, Tú eres camino de libertad.


Padre Santo, tú nos has liberado del pecado y de la muerte por medio del sacrificio de tu Hijo Jesucristo, y nos has dado nueva vida con su Resurrección. Deseamos profundamente ser libres y por eso nos adherimos a Cristo, amándolo con todo nuestro corazón, porque sólo en Él encontramos la paz. Libra, Señor, al mundo entero del pecado que enceguece, esclaviza y que tiraniza al ser humano, y llévanos a conocer a tu Hijo, Camino de libertad, Vida libre, Verdad que libera. Que podamos, oh, Dios, tener coherencia entre aquello que creemos y lo que vivimos; que nuestro pensar, hablar, sentir y actuar, estén armónicamente ligados por la fe y en esa coherencia demos testimonio de que sólo Tú eres la auténtica felicidad del ser humano. Virgen María, modelo de creyente, ayuda a los miembros de la iglesia a ser fieles y su compromiso de amor por Cristo. Amén