San Pablo, el Apóstol de los gentiles, nació probablemente en el año 8, en el seno de una familia judía de la tribu de Benjamín que vivía en Tarso de Cilicia (actual Turquía) junto a otros judíos de la diáspora (Cf. Hch 22, 3). Su nombre hebreo, Saulo, traduce «el pedido por Dios». Aprendió de su padre el arte manual y al parecer se desempeñó como hábil tejedor y fabricante de tiendas. (Cf. Hch 18, 3). Se trasladó a Jerusalén para ser educado a los pies del rabino Gamaliel, según las normas más rígidas del fariseísmo; de esta manera adquirió un gran celo por la Torá, la ley de Dios. Con autorización del Sumo Sacerdote, fue a Damasco con la orden de arrestar a todos los judíos que se confesaran seguidores de Cristo; sin embargo, estando de camino, una luz del cielo lo deslumbró y escuchó la voz de Jesús que le decía «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hch 9,4). Fruto de este encuentro, quedó ciego; para comprender lo sucedido, hizo oración y ayuno por tres días, al cabo de los cuales Ananías, discípulo del Señor en Damasco, fue enviado por el mismo Jesús para curarlo y darle el Bautismo. En ese momento, Pablo aceptó la fe en Cristo y comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios. Como lo dijo elocuentemente el Papa Benedicto XVI en una audiencia general en el año 2008: «San Pablo, por tanto, no fue transformado por un pensamiento, sino por un acontecimiento, por la Presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Ese acontecimiento cambió radicalmente la vida de san Pablo. En este sentido se puede y se debe hablar de una conversión. Ese encuentro es el centro de la narración de san Lucas, que tal vez utilizó un relato nacido probablemente de Damasco. Lo da a entender el colorido local dado por la presencia de Ananías y por los nombres tanto de la calle como del propietario de la casa en la que Pablo se alojó (Cf. Hch 9, 11)». De esta manera, el Papa Emérito nos conduce en esta Fiesta en la comunidad a pensar en nuestra conversión a partir de la conversión de San Pablo. Recordemos, que la conversión es un don de Dios y se realiza gracias a un encuentro verdadero con El, y que nos debe queridos hermanos, impulsar a comprometernos de forma definitiva con el anuncio del Evangelio.
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La Conversión de San Pablo - Enero 25
La Fiesta de la conversión de San Pablo aparentemente surge en el siglo VI. Este apóstol, también llamado Saulo, nació en Tarso de Cilicia (Hch 22, 3). Era un judío de la tribu de Benjamín que se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel en Jerusalén. Hizo parte de la secta de los fariseos, por lo cual se convirtió en un perseguidor y enemigo de Cristo. Fue a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús, pero Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo cerca de Damasco: una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros, y lo cegó durante tres días. El Papa Francisco, en la homilía de la 50 semana de la Unidad de los Cristianos, dijo que "el encuentro con Jesús en el camino de Damasco transformó radicalmente la vida de San Pablo. A partir de entonces, el significado de su existencia no consiste ya en confiar en sus propias fuerzas para observar escrupulosamente la Ley, sino en la adhesión total de sí mismo al amor de Jesucristo crucificado y resucitado. De esta manera, él advierte la irrupción en una nueva vida, la vida según el Espíritu, en la cual, por la fuerza del Señor Resucitado, experimenta el perdón, la confianza y el consuelo. Pablo no puede tener esta novedad solo para sí: la gracia lo empuja a proclamar la Buena Nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece plenamente a la humanidad en Cristo. Para el Apóstol de los gentiles, la reconciliación del hombre con Dios, de la que se convirtió en embajador (2Co 5, 20), es un don que viene de Cristo. Si vivimos este morir a nosotros mismos por Jesús, nuestro antiguo estilo de vida será relegado al pasado y, como le ocurrió a San Pablo, entramos en una nueva forma de existencia y de comunión. Con Pablo podremos decir: Lo antiguo ha desaparecido" (2Co 5,17).
La Conversión de San Pablo - Enero 25
Su nombre judío era Saulo, pero como también era ciudadano romano llevaba el nombre latino de "Paulo" (Pablo) Nació aproximadamente en el año 8 en Tarso de Cilicia (Turquía), provincia romana. El trabajo manual aprendió fue heredado por su padre y consistía en el oficio de fabricar tiendas. Se trasladó a Jerusalén para ser educado los pies del rabino Gamaliel el viejo, según las normas más estrictas del fariseísmo, por lo que adquirió un gran celo por la Ley de Moisés. Estos sentimientos le hicieron pensar que el nuevo movimiento iniciado por Jesús de Nazaret constituía un peligro para la identidad judía, lo que lo condujo a perseguir encarnizadamente a la Iglesia de Dios. Este es el contexto donde se sitúa el acontecimiento de Damasco, la conversión de Saulo, quien dejará de perseguir a los cristianos para convertirse en el apóstol de los gentiles. Precisamente llevaba cartas de recomendación de los judíos de Jerusalén para las autoridades de Damasco en las que informaba que quería poner entre rejas a los cristianos que encontrara. El libro de Los Hechos de los Apóstoles narra encuentro que tuvo Saulo con Cristo Resucitado quien se presentó como una luz espléndida y transformó su pensamiento y su vida. El esplendor del Señor Resucitado lo dejó ciego, así, se presenta también exteriormente lo que era su realidad interior, su ceguera respecto de la verdad que es Cristo. Después de este encuentro definitivo, la vida de Pablo cambió por completo: se convirtió en un misionero incansable y mártir por el Evangelio. Esta fiesta de su conversión apareció en el siglo VI.
La Conversión de San Pablo - Enero 25
Apóstol de los gentiles. Nació probablemente en el año 8 en Tarso de Cilicia (Hch 22, 3). Judío de la tribu de Benjamín, se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel en Jerusalén. Luego ingresó a la rigurosa secta de los fariseos, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo. Fue a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús, pero Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y, al acercarse a Damasco, una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros, cegándolo por tres días. Por revelación de Cristo, el cristiano Ananias fue al encuentro de Saulo, quien recuperó la vista y se convirtió, recibiendo el Bautismo y predicando en las sinagogas al Hijo de Dios, con gran asombro de sus oyentes. El Papa Francisco, al predicar sobre conversión de San Pablo, comentó: "Soy el menor de los apóstoles (...) porque he perseguido a la Iglesia de Dios, pero por su gracia soy lo que soy (1 Cor 15, 9-10). Así resume el apóstol Pablo el significado de su conversión, que tuvo lugar tras el encuentro fulgurante con Cristo resucitado (1 Cor 9,1), en el camino de Jerusalén a Damasco, no es principalmente un cambio moral, sino una experiencia transformadora de la gracia de Cristo, y al mismo tiempo la llamada a una nueva misión, la de anunciar a todos a aquel Jesús a quien antes perseguía, hostigando a sus discípulos. En ese momento, de hecho, Pablo entiende que entre el Cristo eternamente vivo y sus seguidores hay una unión real y trascendente: Jesús vive y esta presente en ellos y ellos viven en Él. La vocación a ser un apóstol no se funda en los méritos humanos de Pablo, quien se considera menor e indigno, sino en la bondad infinita de Dios, que lo eligió y le confió el ministerio".
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