Hoy celebramos la Memoria de los Santos Ángeles Custodios, instituida para entusiasmar a todos los fieles a honrar a los santos ángeles guardianes de una manera particular. La historia de esta celebración se remonta al cristianismo primitivo. En el siglo II, el sabio Orígenes decía: «Los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja». En el año 800, en Inglaterra se celebraba una fiesta a ángeles de la guarda y existían oraciones dedicadas al ángel guardián. En 1608, la fiesta fue extendida a toda la Iglesia universal. Muchos que el ángel de la guarda es una creencia infantil, al estilo de Papá Noel, pero las Escrituras muestran cómo Dios ha enviado a sus ángeles para proteger y guiar a hombres y mujeres que se enfrentaban a grandes dificultades, tales como Tobías (Cfr .Tb 3, 17) y el apóstol san Pedro (Cfr. Hch 12, 3-11). Además, el Catecismo de la Iglesia Católica aclara que la existencia de los ángeles es una verdad de fe (CIC 328). La palabra «ángel» significa «mensajero» y se refiere a los seres espirituales que están permanentemente en la Presencia de Dios y totalmente disponibles para atender a sus órdenes. Asimismo, Dios envía a los ángeles para orientar al hombre hacia su Voluntad y estos no actúan por su propia iniciativa, sino bajo las órdenes del Señor. La misión de los ángeles custodios es acompañar a cada hombre por el camino de la vida, cuidándolo de todo peligro del alma y del cuerpo, y guiándolo en el camino hacia el Cielo. Además, nos fortalecen en el combate contra las fuerzas del mal y luchan con todo su poder a favor nuestro.
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