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El Perdón libera y sana. La venganza perpetúa el mal. ¿Qué Eliges?

Señor, da la paz a tus fieles; que tus profetas te sean leales. 
Escucha la súplica de tu siervo y la de tu pueblo Israel". 
(Si 36, 18)

Queridos hermanos, la liturgia de este domingo nos recuerda que seguir al Señor nos exige ser cada vez más conscientes de nuestro mundo afectivo y relacional, pues si no cultivamos esta dimensión desde el criterio del Evangelio, no tendremos la lucidez para vivir en comunidad y nos convertiremos en fuente permanente de un veneno letal: la venganza. Ser vengativos equivale a caminar ciegos por la vida hiriendo a los demás y alejándonos de la misericordia del Señor, pues rechazamos su superioridad sobre nosotros y decidimos convertirnos en nuestro propio dios. Ante una ofensa estamos llamados a optar por el perdón, pues de esta manera renunciamos a continuar una cadena de odio y dolor, v declaramos la soberanía del amor de Dios en nuestra vida. Esto lo podemos ver en los Evangelios de la semana que hoy inicia, donde Jesús se mostrará como un hombre realmente libre que no se deja manipular por sentìmientos negativos y es capaz de enseñar y hacer el bien a personas contrarias a su forma de pensar. Por ello, no tendrá reparo en atender a la petición del centurión, ni en aceptar una invitación a comer de un fariseo, y tampoco rechazará el gesto de una mujer que con sus lágrimas lava los pies del Señor. En esta semana recordemos las palabras del Papa Francisco que nos dice en su exhortación Misericordiae Vultus: «¡Cómo es dificil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices» (MV #9).

Familia, Lugar de perdón...

No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma. El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la alforria del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente. Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte; El territorio de cura y no de enfermedad; El escenario de perdón y no la culpa. El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza; En la que el dolor causó la enfermedad. Papa Francisco

Familia: Lugar de Perdón

  • No hay familia perfecta.
  • No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás.
  • Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual.
  • Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas.
  • Sin perdón la familia se enferma. El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la alforria del corazón.
  • Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente.

Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte; el territorio de cura y no de enfermedad; el escenario de perdón y no la culpa. El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza; en la que el dolor causó la enfermedad.

Papa Francisco.

Señor, enséñanos a perdonar de corazón.

Señor Jesucristo, perdonar es algo muy difícil para nuestra naturaleza humana, el odio y la amargura por las heridas nos hacen temer, pero junto a Ti podemos sanar y recobrar la esperanza. Señor, pedimos por aquellos que nos ofendieron, llénalos de luz, amor y perdona sus ausencias, pues quizás no han aprendido a amar de verdad y no han encontrado el camino de alegría, felicidad y amor al prójimo. Con profunda confianza te pedimos perdón, Señor, por las veces que no hemos sabido perdonar sino que condenamos con dureza, olvidando que Tú nos perdonaste primero y sin límites. Ayúdanos a comprender la debilidad del hermano; danos un corazón grande, bondadoso y misericordioso, que nunca ofenda y reciba a todos con alegría. Concédenos un corazón como el tuyo, de manera que antes de juzgar, perdonemos; de gritar, abracemos; y de despreciar, acojamos. Que por la intercesión y el auxilio de tu amadísima Madre, la Virgen Maria, no nos cansemos de perdonar, y juntos construyamos una sociedad donde reine el amor, la justicia y la misericordia. Amén

Qué hay en tu interior ?

La naranja exprimida de un Psicólogo Me estaba preparando para dar una conferencia y decidí llevar una naranja al escenario como una proposición para mi clase...Abrí una conversación con un joven brillante que estaba sentado en la primera fila, y le dije: - Si yo exprimiera esta naranja tan fuerte como pueda, ¿qué podría salir?
Él me miró como si estuviera un poco loco y dijo: - Jugo, ¡por supuesto!
¿Crees que jugo de manzana podría salir de ella?: - ¡No! (él se reía). 
¿Y jugo de toronja?: - ¡Tampoco!
¿Qué saldría de ella?: - Jugo de naranja, por supuesto.
¿Por qué?, ¿por qué cuando exprimo una naranja sale jugo de naranja?: - Bueno, es una naranja y eso es lo que hay dentro. 
Asentí con la cabeza y le dije: - Cierto. Vamos a suponer que ésta naranja no es una naranja, sino que eres tú y alguien te aprieta, pone presión sobre ti, y te dice algo que a ti no te gusta; te ofende y fuera de ti sale ira, odio, amargura, miedo. ¿Por qué sale ésto?
La respuesta que dio el joven fue: - Porque éso es lo que hay dentro. 
Ésta una de las grandes lecciones de la vida: ¿Qué sale de tí cuando la vida te aprieta, cuando alguien te produce dolor o te ofende? Si la ira, el dolor y el miedo salen de ti, es porque éso es lo que hay dentro. No importa quien hace la contracción, si es tu madre, tu hermano, tus hijos, tu jefe, etc... Si alguien dice algo acerca de ti que no te gusta, lo que sale de ti es lo que hay dentro; y lo que está dentro sólo depende de ti, ¡es tu elección! Cuando alguien te presiona y sale amor, es porque éso es lo que has permitido que esté en tu interior. Hoy hay una naranja para ti y para mí. Ahora, nos toca reflexionar qué hay dentro de ti y de mí, porque "de la abundancia del corazón habla la boca" [Mat 15:18]. A Jesús Nuestro Señor, lo "exprimieron" y sólo salió de Él, perdón, sangre de amor y misericordia por nosotros. Nos dio vivo ejemplo de que, aunque lo insultaron, lo laceraron, lo humillaron y lo trataron peor que a un criminal, ¡de Él solo salió amor y perdón! Llenémonos de amor, de fe y de alegría nuestra vida para que cuando nos expriman salga lo.mismo

Señor, enséñanos a perdonar

Amado Dios, Tú que eres la fuente de la misericordia, enséñanos a practicar el perdón con nuestros hermanos, haz que reconozcamos que no somos perfectos sino que estamos creciendo cada día, que nos equivocamos y que lastimamos a los demás. Permitenos ser humildes de corazón, de manera que por tu bondad ayudemos a levantar a los que han caído, y así superemos unidos las dificultades. Te pedimos amado Señor, que nos ayudes en nuestro caminar para acercarnos más a tu amor y así obrar signos concretos de cambio en medio de las situaciones difíciles de nuestra vida. Aliméntanos con tu Palabra y Sacramentos, y pide para nosotros la compañía y la fortaleza de nuestra Señora, la Virgen María. Amén

Toma nuestra vida y ayúdenos a caminar

Oración Dios y redentor nuestro, te damos infinitas gracias por todas las bendiciones que derramas en nuestras vidas, como también por las pruebas que en ellas dispones, pues en todo nos muestras tu misericordia y tu fidelidad Estamos cansados, amado Señor, de caminar y trabajar sin descanso, más porque la injusticia parece imponerse por donde quiera que miramos por esto, te suplicamos que tomes nuestra vida y nos ayudes a caminar, pues no queremos caer. Danos la gracia de tirar al suelo los yugos que nos ha puesto el mundo, para llevar con alegría el que Tú nos propones y que nunca será causa de frustración o perdición María Santísima, refugio del que esta desesperado y agotado, tómanos y llévanos a la Presencia de tu adorado Hijo e intercede por nosotros ante El. Amén

Señor, ayúdame a perdonar !!!

Señor Jesús, tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y por tu entrega en la cruz nos has entregado la salvación y el perdón de nuestros pecados Nos presentamos ante Ti humildes y penitentes, rogándote que escuches nuestras suplicas y nos concedas aquello que realmente necesitamos en nuestras vidas. Hoy, amado Señor, imploramos que nos des la sabiduría, la fuerza, el entendimiento, la prudencia y la humildad del Espíritu Santo, no solo para aceptar nuestras faltas y pedir perdón, sino también para dar el primer paso con aquella persona que nos ha ofendido. Virgen María, Madre y maestra nuestra, no permitas que la indiferencia nos aleje de nuestros hermanos, ni que la incoherencia nos aparte de Dios, antes bien, amada Virgen limpianos de todo aquello que esté en contra de la divina voluntad Amén

Tus pecados están perdonados

"Escúchame, Señor, que te llamo, Tu eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación". (Sal 26, 7.9)
Miremos la Palabra de Dios desde una actitud de humildad: Dios quiere hablarnos al corazón y cada uno debe responder con generosidad. Desde allí en el libro de Samuel, hay una interpelación: "Te parece poco, estoy dispuesto a darte todavía más". Qué interesante hacer un inventario espiritual de nuestra vida y ver todas las cosas que hemos recibido de Dios. El puede darnos más, pero quizás no hemos administrado bien lo que ya tenemos. Abandonamos el proyecto de Dios y no respondemos a su amor como es debido. Su plan lo corrompemos y muchas veces actuamos en contra de su ley. Como David, reconozcamos que somos pecadores y desde ahí prestemos mucha atención a las consecuencias que ha generado esta actitud y el daño que ha causado, para luego remediarla. San Pablo nos invita a una experiencia espiritual admirable: "Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí". Podemos asumir este reto y dejar que la vida pase por la crucifixión para tener la que Jesús ofrece, entrando así en la vida verdadera. El paso por la crucifixión implica entender que la vida nueva en Cristo debe transformar todo nuestro ser. Yo, pecador, debo ver a los demás con la misma misericordia con la que Dios me ve. El caso del Evangelio es evidente: un fariseo recibe la visita de Jesús, pero a su vez critica a la mujer que se acerca a ungir a su invitado. Si nos sentimos pecadores y perdonados por Dios, no deberíamos condenar a los demás por sus debilidades; por el contrario, tendríamos que hacer algo para ayudarlos. Aquella mujer sentía la necesidad de ser perdonada, por eso abre su corazón a Jesús sin interesarle los comentarios de los demás. El la acoge, la humaniza y la perdona por su misericordia. Así debe suceder con nosotros.