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Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo - Noviembre 22

"Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduria, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. 
A ÉI la gloria y el poder, por los siglos de los siglos". 
 (Ap 5, 12; 1.6) 

Evaluar, Agradecer y Proyectar desde el Amor
Queridos hermanos, hoy celebramos la finalización del año litúrgico declarando a Cristo como Rey del Universo. Por ello, este domingo es un día para evaluar, agradecer y proyectar, pues estamos a punto de iniciar un nuevo año litúrgico que se presenta como un camino de madurez y avance integral. En primer lugar, el Evangelio nos sirve para cuestionar nuestro seguimiento del Señor en términos de cuánto hemos amado, pues nuestra fidelidad a Cristo se verifica en el número de ocasiones en que nos encontramos con Él y lo atendimos en la persona del pobre y desvalido. Por ello vale la pena preguntarnos: ¿Cómo acogimos durante este año al Cristo sufriente que salió a nuestro encuentro en nuestra familia, comunidad misionera, o vecindario? Por otra parte, a la luz de la lectura del profeta Ezequiel y el salmo, estamos invitados agradecer al Señor por todas las bendiciones recibidas en este año, pues en medio de las dificultades, pudimos sentir su Presencia y su acción como el Buen Pastor de nuestra vida, que nos sana, protege, corrige y ama. Finalmente, la Carta del apóstol Pablo a los Corintios nos llama a la renovación de nuestro proyecto de vida para que en este nuevo año litúrgico sepamos poner bajo la autoridad del Señor todos nuestros sueños y proyectos, de modo que podamos experimentar una vida plena y serena que beneficie a muchas personas, pues la meta es lograr que Cristo sea Todo en Todos. En esta última semana del año litúrgico se nos invitará a estar vigilantes en la fe, por ello, abramos el corazón a Dios para mejorar y comprometernos en forjar un discipulado más comprometido y eficaz.

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo - Noviembre 20

"Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. A Él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos". 
(Ap 5, 12; 1. 6)

Hermanos, hemos llegado al final del año litúrgico 2015-2016. Esta última semana nos exige detener nuestra mirada en la realeza del Señor y en su trato para con nosotros. Muchas cosas en la vida quieren presentarse como lo máximo y reinar a su manera, algunas veces sin importar pasar por encima de la dignidad del ser humano o de la Creación. Recordemos que "somos de tu misma sangre", de la del Señor. Sí, por el Bautismo somos reyes y nuestro reinado es el mismo de Cristo que reina siendo obediente al Padre y con la fuerza del Espíritu Santo. Tenemos una sangre real y por tal una condición de hijos de Dios; por lo tanto, participamos de su vida divina. ¿Parece poco? San Pablo nos destaca esa realeza cuando dice: "Participamos de la herencia del pueblo santo, en el reino de la luz"; "Él es la cabeza del cuerpo que es la lglesia". Estamos unidos con Cristo y por eso nuestro actuar debe ser acorde a su misma vida. El nos ha enseñado incluso a levantarnos de nuestras caídas. La solemnidad que celebramos es el recuerdo que debemos tener cada día: "El es el Camino, la Verdad y la Vida", el Rey de reyes y Señor de señores; debemos seguir su único y verdadero camino que nos conduce a la gloria del Padre. El reinado de Jesús se presente entre los pobres, marginados y excluidos. No es para menos que el evangelista San Lucas recuerde cómo Jesús, desde el dolor mantiene su reinado. La promesa que hace a aquel hombre en el momento de la crucifixión es esencial: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso", es decir, serás feliz para siempre a mi lado junto con todos los que han creído en mi reinado y ahora son felices. Terminemos el Año Litúrgico con el deseo de sentirnos reyes a la manera de Jesús, y así gobernar con la fuerza de su Amor que se manifiesta en toda circunstancia.