Domingo Santo

LO MATARON COLGÁNDOLO DE UN MADERO. PERO DIOS LO RESUCITÓ AL TERCER DÍA

¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya! Hermanos, la muerte no ha vencido a nuestro Señor, Él ha salido victorioso y nos ha permitido participar de su nueva vida; está en nuestras manos que nos dejemos llenar por el Espíritu del Resucitado, y con ello transformemos nuestras vidas. Esta alegría, por la Resurrección del Señor, es lo que busca comunicarnos la Liturgia de la Palabra, ya que la Resurrección es la fuente de toda nuestra alegría, ella es la esperanza que sostiene nuestra fe. En la primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, el apóstol Pedro nos recuerda, a manera de resumen, lo que ha pasado a lo largo de esta semana (Misterio Pascual), insistiéndonos en que ha sido el mismo resucitado quien nos ha comprometido con su obra. Hermanos, no podemos seguir celebrando la Resurrección del Señor como algo sin importancia para nuestras vidas, ya que ha sido por ella que hemos sido salvados y liberados del pecado. El Salmo nos insiste en esta idea, razón por la cual exulta de gozo que el Señor es grande y poderoso. No debemos vivir nuestra fe con amargura, sino con la alegría de sabernos salvados por el Señor. Por otra parte, el Evangelio nos relata la Resurrección del Señor de una manera que deja sin palabras a los discípulos, pues la tristeza por la muerte de Jesús ha sido superada por su Resurrección.  Ahora bien, hermanos, ¿qué podemos sacar para nuestra vida de todo esto? La respuesta la tenemos en la segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Colosenses, en la cual se nos invita a configurar nuestra vida con la Resurrección del Señor. Hermanos, si nosotros creemos en el Señor Jesús, muerto y resucitado, no podemos seguir actuando como si nada, sino que, todo lo contrario, debemos morir al pecado y al odio, para poder renacer a la vida y al amor. Solo de esta manera seremos verdaderos signos del Resucitado en nuestra comunidad. El Señor Jesús continúa llamándonos a la conversión, por eso, que este Tiempo Pascual que iniciamos nos permita ser sus testigos y signos de su Resurrección.

Sábado Santo

¡NO ESTÁ AQUÍ, RESUCITÓ!

(PAPA FRANCISCO)

“Después del drama del Viernes Santo viene el silencio del Sábado Santo, día de espera y esperanza. En la Noche Santa de la Pascua todo se renueva en Cristo Resucitado. Desde todos los rincones de la tierra se elevará al cielo el canto del Gloria y del Aleluya, mientras la Luz disipará las tinieblas de la noche. En la Vigilia Pascual, con el canto del “Gloria”, se manifestará el esplendor de nuestro destino: formar una humanidad nueva, redimida por Cristo Muerto y Resucitado por nosotros. Aquí comprendemos y amamos a fondo la Cruz de Cristo: en ella Cristo derrotó para siempre el pecado y la muerte. En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia Pascual, encontramos a las mujeres que van al sepulcro de Jesús (Mt. 28,1-10). Habían seguido a Jesús. Lo habían escuchado, se habían sentido comprendidas en su dignidad, y lo habían acompañado hasta el final, en el Calvario y en el momento en que fue bajado de la Cruz. Podemos imaginar sus sentimientos cuando van a la tumba: una cierta tristeza, la pena porque Jesús les había dejado. Pero en las mujeres permanecía el amor, y es el amor a Jesús lo que les impulsa a ir al sepulcro. Encuentran la tumba vacía, el cuerpo de Jesús no está allí. Y he aquí un Ángel que les dice: “No tengan miedo; sé que andan buscando a Jesús el crucificado. No está aquí, ha Resucitado” (Mt. 28, 5-6). Lo que era un simple gesto, algo hecho ciertamente por amor (el ir al sepulcro), ahora se transforma en acontecimiento, en un evento que cambia verdaderamente la vida. Ya nada es como antes, no sólo en la vida de aquellas mujeres, sino también en nuestra vida y en nuestra historia de la humanidad. Jesús no está muerto, ha Resucitado, es el Viviente. No es simplemente que haya vuelto a vivir, sino que es la vida misma, porque es el Hijo de Dios, que es el que vive (Nm. 14,21-28). Jesús es el «hoy» eterno de Dios. Así, la novedad de Dios se presenta ante los ojos de las mujeres, de los discípulos, de todos nosotros: la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro nuevo. En esta Noche de Luz, invocando la intercesión de la Virgen María, que guardaba todos estas cosas en su corazón (Lc. 2,19.51), pidamos al Señor que nos haga partícipes de su Resurrección: nos abra a su novedad que trasforma, a las sorpresas de Dios, tan bellas; que nos haga hombres y mujeres capaces de hacer memoria de lo que Él hace en nuestra historia personal y la del mundo; que nos haga capaces de sentirlo como el Viviente, vivo y actuando en medio de nosotros; que nos enseñe cada día, a no buscar entre los muertos a Aquel que vive”.

El Rostro de Cristo Hoy !!!!!

CAMINO DE LA PASCUA

Con un  acto tan sencillo como  un viacrucis se me abrieron las puertas de la Pascua junto con el acto penitencial comunitario del lunes.  Ese acto que se ha hecho ya un paso fundamental para el inicio de la Pascua.

Sí.  Se trata de un Viacrucis vivo, representado por un grupo que se llama "Amigos fuertes de Dios" y que está caracterizado por los límites físicos y sicológicos de todos ellos, que ya cargan una cruz en la vida. Y Dios me habló desde ellos.  Se juntan todos los sábados en la tarde para hacer su catequesis y son de todas las edades. Basta mirarlos con su caminador, con su silla de ruedas o con una gran sonrisa y ganas de saludarte y sonreír y más hermoso todavía, acompañados de algunos de sus familiares.  Había que ver la seriedad  con la que cada uno se hacía dueño de su papel y el dolor de alguno que le tocaba que ser Judas, y le apenaba porque no quería personificar a ese sujeto de la historia que a veces somos nosotros, también.

Es inimaginable el gozo del que le tocaba hacer de Jesús.  Y la forma como lo desempeñó en todo momento.  Todo comenzaba desde la Cena.  Y los que tenían que distribuir el pan para comer y los que se apoderaban de él y lo distribuían ellos mismos.  Se notaba su egoísmo,  igual que el que sentimos nosotros con tantas cosas de la vida. Y al mismo tiempo sentían el orgullo de ser de sus discípulos y estar con Él.  Pero luego vendría la venta de Jesús, la traición, el beso y el dejar sólo al Maestro.  Yo a veces sentía que contaban mi historia y la ponían al rojo vivo.  Pero cuando me fue llenando de emoción y de sentirme metido en esa historia, fue cuando llegó el Viacrucis de Jesús que era el de cada uno de ellos mismos con sus límites para hacer el recorrido de la vida y para poder escenificar la realidad de su historia.  Y yo pensaba para mí, cómo me comportaría yo con esos límites y esas falencias humanas para vivir el día a día.

Y lo vi en el juicio de Pilatos y en el camino de la Cruz y allí cada uno de ellos iba dejando lo mejor de sí mismo e incluso miraba la furia de los soldados romanos que lo empujaban y lo llevaban hasta el final apresurando el paso para disfrutar de la muerte de Jesús y así fueron pasando cada una de las 14 estaciones del viacrucis, escenificado al vivo en lo que ellos podían representar.  Yo no sé cuantas veces he hecho ese recorrido en mi historia, pero sí sé que lo he empujado y hasta atropellado cuando no he logrado caminar al ritmo de mis hermanos.

Los que se me hicieron eternos fueron esos instantes en que estaba colgado de la Cruz y miraba el cuerpo de ese actor silencioso que mostraba allí pendiente de la Cruz en su silencio y su estilo de estar presente en tantos momentos de mi vida que se iluminaban con su cuerpo escarnecido y maltratado tantos otros momentos de mi vida sin Jesús. Porque son sin Jesús lo momentos en que no he sabido que Dios me hablaba al corazón. Y que estaba crucificado en la historia de tantos de mis hermanos los hombres y de modo muy especial en este tiempo de la historia.

En estos días de la liturgia he ido descubriendo el lunes el olfato para disfrutar del aroma del perfume de María, el martes agudizaba el oído para escuchar la palabra del Señor  y en este miércoles he querido descubrir desde la mirada el rostro de Jesús y los rostros tanto dolientes como resucitados de toda la gente.

Si el rostro es un concentrado de humanidad, ¡qué fuerza adquieren las palabras del profeta Isaías ("No oculté el rostro a insultos y salivazos") o las del salmo 68 ("La vergüenza cubrió mi rostro")!

Junto al sentido del oído, hoy ponemos a punto también el sentido de la vista para contemplar el rostro de Jesús durante los próximos días. Se trata de un mapa en el que están registrados los gozos y sufrimientos de todos los hombres.

En vísperas de su muerte, el rostro de Jesús resume la entera trayectoria de su vida terrena: sus largos años de laboratorio nazareno y sus pocos meses o años de itinerancia misionera por tierras de Galilea y de Jerusalén.

¿Cómo veían el rostro de Jesús sus discípulos cuando le preguntaban, uno tras otro, incluido Judas, la pregunta del millón: "¿Soy yo acaso, Señor?". ¿Verían preocupación, rabia, frustración, derrota? ¿O verían un rostro luminoso, sobrecargado de amor en cada una de sus millones de células? "Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro". Esta es la súplica que brota en un día como hoy en el que millones de personas se ponen en camino hacia los lugares donde van a pasar los días del triduo sacro.

¿Se puede vivir el triduo sacro estando de vacaciones? ¿Se ha convertido la Semana Santa en un simple período vacacional, salpicado con algún rito folclórico religioso a modo de relleno para tranquilizar la conciencia? Quizá podemos responder con sencillez. Se puede vivir el triduo sacro en cualquier lugar ... con tal de que no tengamos miedo a buscar y contemplar el rostro de Cristo. No importa tanto el lugar cuanto el coraje de dirigir nuestros ojos a ese rostro cubierto de insultos y salivazos y, sin embargo, hermoso, radiante, perdonador. Ese rostro se muestra en la liturgia de la iglesia y se muestra en las personas sufrientes que, sin duda, iremos encontrando. Por mucho derecho que tengamos al descanso, no podemos mirar en otra dirección, porque en el familiar con problemas o en el que nos sirve en un hotel podemos descubrir al Cristo que sigue sufriendo hoy. Volver la espalda a esos rostros tan reales es volver la espalda al Cristo que nos mira.

"Nuestros ojos están vueltos al Señor Jesús". Ojalá podamos aguzar la vista para contemplar este rostro en cualquier lugar en el que nos encontremos durante los próximos días. Sigamos caminando hacia la Pascua y dejemos que el Señor nos llene de esperanza y de amor para que este camino de la Cruz nos lleve a la Resurrección. Siempre es Pascua en la vida del que se sabe dejar mirar por Cristo y le permite que lo llene de paz y de amor.

Vivamos la Pascua de la fraternidad y del perdón y dejémonos llenar de alegría en este tiempo para que Dios siga construyendo en nosotros su lugar donde vivir y donde poder encontrar Amigos fuertes de Dios.

Francisco Javier Jaramillo J. ocd

Viernes Santo

¡CRISTO MUERE EN LA CRUZ POR AMOR!

Hoy contemplamos la Muerte de Cristo en la Cruz por amor a los hombres. El Papa Francisco nos recuerda que “en el Viernes Santo, que es día de penitencia y ayuno, conmemoraremos la Pasión y la Muerte de Jesús, permaneciendo absortos en adoración de la Cruz. «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo». En el Calvario, el Hijo de Dios cargó sobre sí nuestros pecados, ofreciéndose al Padre como víctima de expiación. Desde la Cruz, fuente de nuestra salvación, brota la vida nueva de los hijos de Dios. Con la muerte en Cruz, Cristo nos ha reconciliado con Dios y ha puesto en el mundo las bases de una convivencia fraterna entre todos. En Cristo, el ser humano frágil, y que anhela la felicidad, ha sido rescatado de la esclavitud del maligno y de la muerte, que engendra tristeza y dolor. La Sangre del Redentor ha lavado nuestros pecados. Así hemos experimentado la fuerza renovadora de su perdón. La misericordia divina abre el corazón al perdón de los hermanos, y, con el perdón ofrecido y recibido, es como se construye la paz en las familias y en todos los demás ambientes de vida.” Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin Cruz, sin velas ni adornos. Los ministros ordenados se postran en el suelo y la asamblea permanece de rodillas ante el altar al comienzo de la celebración de la Pasión del Señor y de la Adoración de la Santa Cruz. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente, que implora perdón por sus pecados. Sus ornamentos son de color rojo, el color de los mártires: de Jesús, el Primer Testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como Él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece. El Mesías se ha hecho carne de nuestra carne, y ha asumido el ser hombre hasta la muerte y una muerte de Cruz. Pero fue una muerte aceptada como rescate por todos, muerte Redentora, muerte que nos da vida. Que hoy, al celebrar el Vía Crucis, la Pasión y Adoración de la Cruz, junto con el Sermón de las Siete Palabras y el descendimiento del Señor al Sepulcro, contemplemos desde nuestra vida a Jesús que nos otorgó la Salvación a precio de su Sangre desde el madero de la Cruz.

Jueves Santo

LA CENA DEL SEÑOR

Termina la Cuaresma. En la tarde de hoy iniciamos el inicio del Sagrado Triduo Pascual, es decir, los últimos días de la Semana Santa, donde conmemoraremos la Última Cena, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En las horas de la mañana (si no se ha celebrado en días anteriores), el Obispo de la Diócesis, junto con sus sacerdotes, diáconos y el pueblo de Dios congregado, bendice el Óleo de los Catecúmenos (para el Bautismo) y el Óleo de los enfermos (Unción para los enfermos o personas que se encuentran débiles por la vejez), y consagra el Crisma (para el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal), que sirven para la administración de los Sacramentos en los cristianos. Además, en esta misma Celebración Eucarística, los Sacerdotes hacen la Renovación de sus Promesas Sacerdotales, que hicieron públicamente el día de su Ordenación. El Santo Triduo Pascual, inicia en la tarde con la Celebración de la Última Cena, o Misa vespertina del Jueves Santo, donde Cristo instituye el Sacramento de la Eucaristía, el Sacramento del Orden Sacerdotal y nos deja el Mandamiento nuevo del Amor, bajo el signo del Lavatorio de los pies, manifestado en el servicio al prójimo. El Papa Francisco nos dice: este gesto “es conmovedor. Jesús que lava los pies a sus discípulos. Pedro no comprende nada, lo rechaza. Pero Jesús se lo ha explicado. ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn. 13,12-15). Es el ejemplo del Señor: Él es el más importante y lava los pies porque, entre nosotros, el que está más en alto debe estar al servicio de los otros: «yo estoy a tu servicio». Y, ¿qué significa? Que debemos ayudarnos los unos a los otros. Así pues, Jesús en el Sacramento de la Eucaristía quiso quedarse con nosotros, haciéndose nuestro alimento de salvación”. “Tomad y comed, tomad y bebed. Haced esto en conmemoración mía”. Para ello, deja el Sacramento del Orden Sacerdotal, hombres tomados de entre hombres, consagrados para hacer presente a Cristo en la tierra. No puede haber Eucaristía sin Sacerdocio, ni Sacerdocio sin Eucaristía. Queridos hermanos, después de la Eucaristía, la Liturgia nos invita a permanecer en oración delante de Jesús Eucaristía. Velaremos en adoración con el Señor, cumpliendo el deseo que Él manifestó a los Apóstoles en el huerto de los Olivos: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt. 26, 38).

Miércoles Santo

“OS ASEGURO QUE UNO DE VOSOTROS ME VA A ENTREGAR”

La Cuaresma va terminando, puesto que mañana, en las horas de la tarde, con la Cena del Señor, Misa Vespertina del Jueves Santo, empieza el Sagrado Triduo Pascual, donde, para bien de la humanidad, se da el culmen del Misterio de la Redención: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús. La Liturgia de la Palabra del día de hoy nos propone meditar la traición de uno de los discípulos de Jesús: Judas Iscariote. Ayer meditábamos el pasaje evangélico de San Juan, donde presentaba a Judas saliendo de noche para entregar al Maestro. La Liturgia de hoy nos presenta a Judas entregando al Señor. “Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas” (Mt 26,14-25). Queridos hermanos, es una traición a Aquél que nos ha dado todo, y por el que Dios Padre ha creado todo: “todo fue creado por Él y para Él” (Col. 1,16). A Jesús le duele el corazón no tanto por haber sido traicionado, sino por ver a un hijo de Dios alejarse irremediablemente de Él. Cuando el amor hacia el Señor se entibia, la voluntad cede a otros intereses, donde se deja llevar por las pasiones e instintos y no por la razón y por el amor. Aparentemente lo superficial y pasajero “nos ofrece platos más sabrosos pero, en realidad, condimentados por degradantes e inquietantes venenos”. Debemos esforzarnos por trabajar por nuestra salvación. Hemos de recordar que la Salvación ya está dada por la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, solo que a esa Salvación ya otorgada, YO, diariamente le digo SÍ. Le digo Sí al Señor con una conversión radical de vida, de actitud, de mentalidad y manera de vivir, para pasar a vivir en el amor de Dios, ayudando al prójimo, trabajando honradamente, quitando el orgullo de mi vida, estudiando diligentemente, perdonando las faltas que me han hecho, haciendo obras de caridad, viviendo mi fe en Dios desde los Sacramentos y la oración y no yendo donde brujos o creyendo en magia y en supersticiones. ¡Eso y muchas cosas más! El Evangelio de San Mateo narra la escena donde Jesús, consternado, dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar” (Mt. 26, 21). Pidámosle al Buen Dios, la gracia necesaria para conocerlo, seguirlo y amarlo hasta la eternidad. Que la Santísima Virgen, nos ayude para no estar en el grupo de los que entregan diariamente al Señor.

Martes Santo

UNO DE VOSOTROS ME VA A ENTREGAR
(Papa Benedicto XVI)

El Evangelio de este día se refiere a la traición de Judas y su negativa a aceptar el amor predicado por Jesús. La hora de la pasión ha llegado, la glorificación del Mesías se acerca con prontitud y es anunciado por Él de manera muy clara, este anuncio seguido de la profecía sobre la negación de Pedro es una llamada de atención a todos nosotros los que “seguimos a Cristo” a lo largo de nuestra vida. ¿Cuántas veces, impactados por las celebraciones, liturgias, procesiones o representaciones que caracterizan a esta semana unidos al clima penitencial propio, nos llevan a hacer una “reflexión pronta y sin medida” de nuestra vida, lo que culmina con una “rápida conversión” y un “compromiso” de mejorarla, que al paso de los días olvidamos? Cristo nos hace ese llamado, en la persona de Pedro, a rectificar nuestra actitud, a dar nuestra vida sin condiciones y con la seriedad propia que conlleva su entrega por nosotros. Este pasaje de Juan tiene muchos elementos en común con la parábola del Sembrador, en especial, el punto en que se hace referencia a la semilla que cae entre piedras. Esa semilla crece pero, por no tener raíz, se seca rápidamente. Muy revelador resulta ese pasaje para nosotros, ya que podemos vernos representados en esa semilla sobre piedra. ¿Somos aquellos que, al escuchar la Palabra de Dios, nos sentimos ilusionados con ella, pero al sentir el rigor que eso implica renunciamos sin más lucha? Pongamos especial atención a la oración colecta del día y pidamos “celebrar los misterios de la Pasión del Señor con tal fe que merezcamos su perdón” a fin de que desde lo más íntimo de nuestro ser se suscite un cambio de vida y de actuación ante los demás.

Lunes Santo

JESÚS, UNGIDO EN BETANIA
(Papa Benedicto XVI)

La Escritura “nos conduce a Betania, que como apunta el Evangelista, Lázaro, Marta y María ofrecen una cena al Maestro (Jn. 12,1-11). Este banquete en casa de los tres amigos de Jesús se caracteriza por los presentimientos de la muerte inminente de Jesús. En este relato evangélico hay un gesto que llama la atención: María de Betania, “tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos” (Jn. 12, 3). El gesto de María es la expresión de fe y de amor grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que, como protestará Judas, se habría podido vender por trescientos denarios. Y no unge la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, los resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón. María se pone a los pies de Jesús en humilde actitud de servicio, como hará el propio Maestro en la última Cena, cuando, como dice el Cuarto Evangelio, “se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los discípulos (…) para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn. 13, 4-5. 15). La regla de la comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se difunde: “Toda la casa (anota el Evangelista) se llenó del olor del perfume” (Jn. 12, 3). El significado del gesto de María, que es respuesta al amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados; todo gesto de caridad y de devoción auténtica a Cristo no se limita a un hecho personal, no se refiere sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino a todo el cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegría y luz”. (Papa Benedicto XVI)

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos. Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa, en la cual la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por la entrada mesiánica en Jerusalén. Durante la Edad Media, el rito de los ramos adquirió un tono dramático, revistiéndose de cantos, bendiciones y expresiones plásticas. En el misal actual, la procesión y la misa ya no son dos partes independientes sino elementos de un todo. De hecho, ni la procesión tiene un final ni la misa un principio, pues aquélla desemboca en ésta como su rito de entrada. De este modo, el domingo de ramos se presenta como presagio del triunfo real de Cristo y anuncio de la Pasión, aspectos que han de evidenciarse tanto en la celebración como en la catequesis del día. La procesión resalta no tanto el simbolismo de las palmas y ramos cuanto el homenaje a Cristo, Mesías-Rey, y sigue el ejemplo de quienes le aclamaron como redentor de la humanidad. Según el Catecismo: “La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia se abre a la Semana Santa” (n. 560).

Francisco, el encanto de la naturalidad

Marzo 12 de 2014
En el primer año de su pontificado ha sorprendido por su humildad.

Si el papa Francisco telefonea un día a su casa, desconfíe, pero no tanto. Bergoglio cumple hoy un año de su elección, un periodo en el que su voluntad de cercanía a las personas le ha llevado a protagonizar anécdotas con una naturalidad que aún sigue sorprendiendo.

“Recen por mi”, fue su primera frase en la presentación ante los fieles en la Plaza de San Pedro, que vieron a su nuevo líder vestido con una sotana blanca, sin las bellas casullas, mitras y zapatos rojos que usaba su predecesor, Benedicto XVI. Zapatos negros, sotana blanca por la que se transparentan sus pantalones oscuros, “porque se niega a portar los blancos”, dijo un alto cargo de la Curia.

“Humildad” ha sido la palabra más repetida por los creyentes de todo el mundo para referirse al pontífice, que desde el primer momento declinó vivir en los lujosos apartamentos papales y eligió una sencilla habitación en la residencia Santa Marta del Vaticano, donde se codea con miembros de la Curia, con religiosos que se hospedan en ella y con las numerosas visitas que recibe.

Antes de trasladarse a su nueva estancia, Francisco se dirigió a los incrédulos administradores del hospedaje Casa Pablo VI, donde se había alojado durante el cónclave, para pagar “religiosamente” por la habitación que había ocupado, a pesar de que estos se negaban a cobrársela.

Pronto, durante sus primeros días como papa, Bergoglio comenzó a destacar por la que ha sido una de sus aficiones fuera de protocolo más recurrentes: las llamadas telefónicas: al portero de la sede en Roma de la Compañía de Jesús, al quiosquero de Buenos Aires, a quien le pidió que no le guardase más el periódico, o un joven italiano de 19 años que le envió una carta a través de un cardenal.

En el contacto más directo, Francisco aprovecha las audiencias generales de los miércoles para acercarse, de manera literal, a los miles de fieles que abarrotan la plaza de San Pedro en el Vaticano.

Durante su paseo entre las multitudes con el siempre descubierto papa móvil, el pontífice saluda y ofrece su mano a la gente, especialmente a niños, enfermos y personas con discapacidad.

La imagen del papa besando a un hombre aquejado de neurofibromatosis (enfermedad desfigurante de la piel) le dio la vuelta al mundo, al igual que el momento en el que invitó a un joven con síndrome de Down a subir con él a su vehículo y completar el paseo por la plaza.

EN TWITTER

Francisco ni siquiera se ha resistido a las nuevas modas fotográficas, y buena prueba de ello es el autorretrato que se sacó el pasado agosto junto a un grupo de jóvenes peregrinos italianos que visitaban la basílica de San Pedro. La imagen original, obtenida con un teléfono móvil, fue difundida por Twitter a través del periodista italiano Fabio M. Rogona, quien se la pidió prestada a su propietario. Acto seguido, la instantánea comenzó a circular como la pólvora por la red social, generando todo un fenómeno viral.

Un papa, Francisco, del que algunos medios aseguran que sale por las noches vestido de común sacerdote para estar con los más pobres y hacer escapadas a “la periferia”, una palabra clave del hasta hace un año obispo de Buenos Aires.

CIUDAD DEL VATICANO/EFE

Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires al inicio de la Cuaresma 2013

Cuaresma 2013

A los sacerdotes, consagrados y laicos de la Arquidiócesis.
Rasguen su corazón y no sus vestidos; vuelvan ahora al Señor su Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, rico en misericordia...

Poco a poco nos acostumbramos a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor y en nuestra propia carne. El drama está en la calle, en el barrio, en nuestra casa y, por qué no, en nuestro corazón. Convivimos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos en tantos países del mundo. Convivimos con la envidia, el odio, la calumnia, la mundanidad en nuestro corazón. El sufrimiento de inocentes y pacíficos no deja de abofetearnos; el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos más frágiles no nos son tan lejanos; el imperio del dinero con sus demoníacos efectos como la droga, la corrupción, la trata de personas - incluso de niños - junto con la miseria material y moral son moneda corriente. La destrucción del trabajo digno, las emigraciones dolorosas y la falta de futuro se unen también a esta sinfonía. Nuestros errores y pecados como Iglesia tampoco quedan fuera de este gran panorama. Los egoísmos más personales justificados, y no por ello más pequeños, la falta de valores éticos dentro de una sociedad que hace metástasis en las familias, en la convivencia de los barrios, pueblos y ciudades, nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad para poder transformar esta lista innumerable de realidades destructoras.

La trampa de la impotencia nos lleva a pensar: ¿Tiene sentido tratar de cambiar todo esto? ¿Podemos hacer algo frente a esta situación? ¿Vale la pena intentarlo si el mundo sigue su danza carnavalesca disfrazando todo por un rato? Sin embargo, cuando se cae la máscara, aparece la verdad y, aunque para muchos suene anacrónico decirlo, vuelve a aparecer el pecado, que hiere nuestra carne con toda su fuerza destructora torciendo los destinos del mundo y de la historia.

La Cuaresma se nos presenta como grito de verdad y de esperanza cierta que nos viene a responder que sí, que es posible no maquillarnos y dibujar sonrisas de plástico como si nada pasara. Sí, es posible que
todo sea nuevo y distinto porque Dios sigue siendo "rico en bondad y misericordia, siempre dispuesto a perdonar" y nos anima a empezar una y otra vez. Hoy nuevamente somos invitados a emprender un camino pascual hacia la Vida, camino que incluye la cruz y la renuncia; que será incómodo pero no estéril. Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia, a cambiar a dar un viraje, a convertirnos.

En este día, son fuertes y desafiantes las palabras del profeta Joel: Rasguen el corazón, no los vestidos: conviértanse al Señor su Dios. Son una invitación a todo pueblo, nadie está excluido.

Rasguen el corazón y no los vestidos de una penitencia artificial sin garantías de futuro. Rasguen el corazón y no los vestidos de un ayuno formal y de cumplimiento que nos sigue manteniendo satisfechos.

Rasguen el corazón y no los vestidos de una oración superficial y egoísta que no llega a las entrañas de la propia vida para dejarla tocar por Dios.

Rasguen los corazones para decir con el salmista: "hemos pecado". "La herida del alma es el pecado: ¡Oh pobre herido, reconoce a tu Médico! Muéstrale las llagas de tus culpas. Y puesto que a Él no se le
esconden nuestros secretos pensamientos, hazle sentir el gemido de tu corazón. Muévele a compasión con tus lágrimas, con tu insistencia, ¡importúnale! Que oiga tus suspiros, que tu dolor llegue hasta Él de
modo que, al fin, pueda decirte: El Señor ha perdonado tu pecado". (San Gregorio Magno) Ésta es la realidad de nuestra condición humana. Ésta es la verdad que puede acercarnos a la auténtica reconciliación... con Dios y con los hombres. No se trata de desacreditar la autoestima sino de penetrar en lo más hondo de nuestro corazón y hacernos cargo del misterio del sufrimiento y el dolor que nos ata desde hace siglos, miles de años... desde siempre.

Rasguen los corazones para que por esa hendidura podamos mirarnos de verdad.

Rasguen los corazones, abran sus corazones, porque sólo en un corazón rasgado y abierto puede entrar el amor misericordioso del Padre que nos ama y nos sana.

Rasguen los corazones dice el profeta, y Pablo nos pide casi de rodillas "déjense reconciliar con Dios". Cambiar el modo de vivir es el signo y fruto de este corazón desgarrado y reconciliado por un amor que nos sobrepasa.

Ésta es la invitación, frente a tantas heridas que nos dañan y que nos pueden llevar a la tentación de endurecernos: Rasguen los corazones para experimentar en la oración silenciosa y serena la suavidad de la ternura de Dios.

Rasguen los corazones para sentir ese eco de tantas vidas desgarradas y que la indiferencia no nos deje inertes.

Rasguen los corazones para poder amar con el amor con que somos amados, consolar con el consuelo que somos consolados y compartir lo que hemos recibido.

Este tiempo litúrgico que inicia hoy la Iglesia no es sólo para nosotros, sino también para la transformación de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra Iglesia, de nuestra Patria, del mundo entero. Son cuarenta días para que nos convirtamos hacia la santidad misma de Dios; nos convirtamos en colaboradores que recibimos la gracia y la posibilidad de reconstruir la vida humana para que todo hombre experimente la salvación que Cristo nos ganó con su muerte y resurrección.

Junto a la oración y a la penitencia, como signo de nuestra fe en la fuerza de la Pascua que todo lo transforma, también nos disponemos a iniciar igual que otros años nuestro "Gesto cuaresmal solidario". Como Iglesia en Buenos Aires que marcha hacia la Pascua y que cree que el Reino de Dios es posible necesitamos que, de nuestros corazones desgarrados por el deseo de conversión y por el amor, brote la gracia y el gesto eficaz que alivie el dolor de tantos hermanos que caminan junto a nosotros. «Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande». (San Juan Crisóstomo)

Este año de la fe que transitamos es también la oportunidad que Dios nos regala para crecer y madurar en el encuentro con el Señor que se hace visible en el rostro sufriente de tantos chicos sin futuro, en la manos temblorosas de los ancianos olvidados y en las rodillas vacilantes de tantas familias que siguen poniéndole el pecho a la vida sin encontrar quien los sostenga.

Les deseo una santa Cuaresma, penitencial y fecunda Cuaresma y, por favor, les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Paternalmente
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 13 de febrero de 2013, Miércoles de Ceniza