La exaltación de la Santa Cruz

Al celebrar con júbilo esta Fiesta, conmemoramos el día en que fuera encontrada la Santa Cruz de nuestro Señor, el 14 de septiembre del año 20, por la Emperatriz Santa Elena madre del Emperador Constantino. Esta hermosa celebración se realizó después de que fuera dedicada la Basílica de la Resurrección, construida sobre el sepulcro de nuestro Señor Jesucristo. El Madero Santo en el que murió el Señor, es el signo de su victoria, el árbol de la Cruz donde se dio la salvación del mundo. Cristo mismo había dicho: "cuando sea exaltado sobre la tierra, atraeré a todas las cosas hacia mí" (Jn 12, 32). El 13 de septiembre del año 335, tuvo lugar la consagración de las basílicas de la "Anastasis" (Resurrección) y del "Martirium" (de la Cruz) sobre el Gólgota. Al día siguiente, se expuso (solemnemente) a la veneración de los fieles, la Cruz del Señor. Las lglesias que poseían una reliquia de la Cruz mostraban a los fieles en un acto solemne que se llamaba "exaltación" el 14 de septiembre. De ahí deriva el nombre de la Fiesta. La Cruz es la más bella historia de amor, el mayor abajamiento y despojamiento del Hijo de Dios y su más grande exaltación. Ahí nos mostró que su misericordia no tenía limites y que ni la muerte podía hacerlo retroceder en su compromiso por la salvación de todos. La fiesta de la Exaltación de la Cruz no significa que el cristianismo ame el sufrimiento, el dolor o el sacrificio por sí mismos, lo que exaltamos es el amor incondicional del Señor hacia nosotros: que "habiendo amado los suyos, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1). Queridos hermanos: tengamos al santiguarnos respeto y confianza en Dios; hagámoslo con delicadeza desde la frente hasta el pecho y de hombro izquierdo hasta el derecho pronunciando los tres Santísimos Nombres de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; colocando todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos ante el Señor. En Colombia esta fiesta no se celebra el catorce de septiembre sino el tres de mayo.

Oración al Espíritu Santo

Oh Espíritu Santo, promesa siempre abierta del Hijo y don del Padre, que aboga sin descanso en favor nuestro ante el Padre todopoderoso: llena nuestra vida de tu paz para que con nuestras manos seamos constructores de "puentes" de fraternidad y no "muros" de división; para que con nuestras palabras sembremos el Evangelio y no el egoísmo ni el rencor; para que nuestros pies sean mensajeros del bien y no de la guerra ni del dolor; para que todos nuestros pensamientos sean signos de claridad y no de envidia ni de oscuridad. Espíritu Santo, fuego amoroso de Dios, concédenos la fuerza y la sabiduría necesarias para hacer vida la Sagrada Palabra; para guardarla como la Santísima Virgen María: en su corazón, dando al mundo el mejor fruto que la humanidad haya podido engendrar: una Carne para la cruz y un Corazón para toda la humanidad. Señor de bondad y de misericordia, concédenos tu silencio para soportar con paciencia las dificultades, y la sabiduría para superarlas. Amén.

Domingo de Pascua: Cristo ha Resucitado !!!!

Se celebra hoy el gran misterio, fundamento de la fe y de la esperanza cristiana: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. No es difícil imaginar cuales serían, en aquel momento, los sentimientos de las mujeres que seguían a Jesús y a los apóstoles: sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero. Sin embargo, la tumba estaba abierta y vacía: ya no estaba el cuerpo. Pedro y Juan, avisados por las mujeres, corrieron al sepulcro y verificaron que ellas tenían razón. La fe de los apóstoles en Jesús, el Mesías esperado, había sufrido una dura prueba por el escándalo de la cruz. Pero ahora, al ver las vendas en el suelo, empiezan a comprender, especialmente Juan, que todo lo que decían las Escrituras se estaba cumpliendo. Hoy es un día para estar alegres, como nos dice el salmo del día de hoy: «éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 117 (118), 24). Nuestra vida ha adquirido una nueva dimensión porque ya no estamos destinados a la muerte definitiva sino a la plenitud. Alegrémonos con toda la Iglesia, que celebra con gozo este domingo de resurrección, y entonemos: ¡Aleluya, el Señor ha resucitado, aleluya!

Sabado Santo: No está aquí, ha resucitado, como había dicho.

(Papa Benedicto XVI) El Sábado Santo es el día en el que la liturgia calla, el día del gran silencio, en el que se invita a los cristianos a mantener un recogimiento interior para prepararse mejor a la Vigilia pascual. En muchas comunidades, se organizan retiros espirituales y encuentros de oración mariana para unirse a la Madre del Redentor, que espera con trepidante confianza la resurrección de su Hijo crucificado. En la Vigilia pascual, el velo de tristeza que envuelve a la Iglesia por la muerte y la sepultura del Señor será rasgado por el grito de victoria: ¡Cristo ha resucitado y ha vencido para siempre a la muerte! Entonces podremos comprender verdaderamente el misterio de la cruz. “Dios crea prodigios incluso en lo imposible escribe un autor antiguo- para que sepamos que sólo Él puede hacer lo que quiere. De su muerte procede nuestra vida, de sus llagas, nuestra curación, de su caída, nuestra resurrección, de su descenso, nuestra elevación” (Anónimo). Animados por una fe más sólida, en el corazón de la Vigilia pascual acogeremos a los recién bautizados y renovaremos las promesas de nuestro bautismo. Así experimentaremos que la Iglesia está siempre viva, que siempre rejuvenece, que siempre es bella y santa, porque está fundada sobre Cristo que, tras haber resucitado, ya no muere nunca más. Queridos hermanos y hermanas, el misterio pascual, que el Triduo sacro nos hace revivir, no es sólo recuerdo de una realidad pasada: es una realidad actual. También hoy Cristo vence con su amor al pecado y a la muerte. El mal, en todas sus formas, no tiene la última palabra. El triunfo final es de Cristo, de la verdad y del amor. Como nos recordará San Pablo en la Vigilia pascual, si con Él estamos dispuestos a sufrir y morir, su vida se convierte en nuestra vida (Rm 6, 9). En esta certeza se basa y se edifica nuestra existencia cristiana. Invocando la intercesión de María Santísima, que siguió a Jesús por el camino de la pasión y de la cruz, y lo abrazó antes de ser sepultado, les deseo a todos que participen con fervor en esta Vigilia pascual para experimentar la alegría de la Pascua junto con todos nuestros seres queridos.

Viernes Santo: ¡Cristo Muere en la Cruz por Amor!

Hoy contemplamos la Muerte de Cristo en la Cruz por amor a los hombres. El Papa Francisco nos recuerda que “en el Viernes Santo, que es día de penitencia y ayuno, conmemoraremos la Pasión y la Muerte de Jesús, permaneciendo absortos en adoración de la Cruz. «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo». En el Calvario, el Hijo de Dios cargó sobre sí nuestros pecados, ofreciéndose al Padre como víctima de expiación. Desde la Cruz, fuente de nuestra salvación, brota la vida nueva de los hijos de Dios. Con la muerte en Cruz, Cristo nos ha reconciliado con Dios y ha puesto en el mundo las bases de una convivencia fraterna entre todos. En Cristo, el ser humano frágil, y que anhela la felicidad, ha sido rescatado de la esclavitud del maligno y de la muerte, que engendra tristeza y dolor. La Sangre del Redentor ha lavado nuestros pecados. Así hemos experimentado la fuerza renovadora de su perdón. La misericordia divina abre el corazón al perdón de los hermanos, y, con el perdón ofrecido y recibido, es como se construye la paz en las familias y en todos los demás ambientes de vida.” Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin Cruz, sin velas ni adornos. Los ministros ordenados se postran en el suelo y la asamblea permanece de rodillas ante el altar al comienzo de la celebración de la Pasión del Señor y de la Adoración de la Santa Cruz. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente, que implora perdón por sus pecados. Sus ornamentos son de color rojo, el color de los mártires: de Jesús, el Primer Testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como Él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece. El Mesías se ha hecho carne de nuestra carne, y ha asumido el ser hombre hasta la muerte y una muerte de Cruz. Pero fue una muerte aceptada como rescate por todos, muerte Redentora, muerte que nos da vida. Que hoy, al celebrar el Vía Crucis, la Pasión y Adoración de la Cruz, junto con el Sermón de las Siete Palabras y el descendimiento del Señor al Sepulcro, contemplemos desde nuestra vida a Jesús que nos otorgó la Salvación a precio de su Sangre desde el madero de la Cruz.

Jueves Santo: La Cena del Señor

Termina la Cuaresma. En la tarde de hoy iniciamos el inicio del Sagrado Triduo Pascual, es decir, los últimos días de la Semana Santa, donde conmemoraremos la Última Cena, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En las horas de la mañana (si no se ha celebrado en días anteriores), el Obispo de la Diócesis, junto con sus sacerdotes, diáconos y el pueblo de Dios congregado, bendice el Óleo de los Catecúmenos (para el Bautismo) y el Óleo de los enfermos (Unción para los enfermos o personas que se encuentran débiles por la vejez), y consagra el Crisma (para el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal), que sirven para la administración de los Sacramentos en los cristianos. Además, en esta misma Celebración Eucarística, los Sacerdotes hacen la Renovación de sus Promesas Sacerdotales, que hicieron públicamente el día de su Ordenación. El Santo Triduo Pascual, inicia en la tarde con la Celebración de la Última Cena, o Misa vespertina del Jueves Santo, donde Cristo instituye el Sacramento de la Eucaristía, el Sacramento del Orden Sacerdotal y nos deja el Mandamiento nuevo del Amor, bajo el signo del Lavatorio de los pies, manifestado en el servicio al prójimo. El Papa Francisco nos dice: este gesto “es conmovedor. Jesús que lava los pies a sus discípulos. Pedro no comprende nada, lo rechaza. Pero Jesús se lo ha explicado. ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn. 13,12-15). Es el ejemplo del Señor: Él es el más importante y lava los pies porque, entre nosotros, el que está más en alto debe estar al servicio de los otros: «yo estoy a tu servicio». Y, ¿qué significa? Que debemos ayudarnos los unos a los otros. Así pues, Jesús en el Sacramento de la Eucaristía quiso quedarse con nosotros, haciéndose nuestro alimento de salvación”. “Tomad y comed, tomad y bebed. Haced esto en conmemoración mía”. Para ello, deja el Sacramento del Orden Sacerdotal, hombres tomados de entre hombres, consagrados para hacer presente a Cristo en la tierra. No puede haber Eucaristía sin Sacerdocio, ni Sacerdocio sin Eucaristía. Queridos hermanos, después de la Eucaristía, la Liturgia nos invita a permanecer en oración delante de Jesús Eucaristía. Velaremos en adoración con el Señor, cumpliendo el deseo que Él manifestó a los Apóstoles en el huerto de los Olivos: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt. 26, 38).

Miercoles Santo: ¿Soy yo acaso, maestro?

(Papa Benedicto XVI) Mientras concluye el camino cuaresmal, que comenzó con el miércoles de Ceniza, la liturgia del miércoles santo ya nos introduce en el clima dramático de los próximos días, impregnados del recuerdo de la Pasión y Muerte de Cristo. En efecto, en la liturgia de hoy, el evangelista San Mateo propone a nuestra meditación el breve diálogo que tuvo lugar en el Cenáculo entre Jesús y Judas. « ¿Acaso soy yo, Rabbí?» (Mt 26, 25), pregunta el traidor del divino Maestro, que había anunciado: «yo os aseguro que uno de vosotros me entregará» (Mt 26, 21). La respuesta del Señor es lapidaria: «sí, tú lo has dicho» (Mt 26, 25). Por su parte, San Juan concluye la narración del anuncio de la traición de Judas con pocas, pero significativas palabras: «era de noche» (Jn 13, 30). Cuando el traidor abandona el Cenáculo, se intensifica la oscuridad en su corazón -es una noche interior-, el desconcierto se apodera del espíritu de los demás discípulos -también ellos van hacia la noche-, mientras las tinieblas del abandono y del odio se condensan alrededor del Hijo del Hombre, que se dispone a consumar su sacrificio en la cruz. En los próximos días, conmemoraremos el enfrentamiento supremo entre la Luz y las Tinieblas, entre la Vida y la Muerte. También nosotros debemos situarnos en este contexto, conscientes de nuestra “noche” de culpas y responsabilidades, si queremos revivir con provecho espiritual el Misterio pascual y si queremos llegar a la luz del corazón mediante este Misterio, que constituye el punto de apoyo de nuestra fe.

Martes Santo: "Lo que tienes que hacer, hazlo enseguida";

La oración que Jesús hace por sí mismo es la petición de su propia glorificación, de su propia "elevacion" en su "hora". En realidad es más que una petición y que una declaración de plena disponibilidad a entrar, libre y generosamente, en el designio de Dios Padre que se cumple al ser entregado y en la Muerte y Resurrección. Esta "hora" comenzó con la traición de Judas (Jn 13,31) y culminará con la Ascensión de Jesús Resucitado al Padre. Jesús comenta la salida de Judas del cenáculo con estas palabras: "Ahora el glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él" (Jn 13, 31). El Evangelio de este día se refiere a la traición de Judas y su negativa a aceptar el amor predicando por Jesús. La hora de la Pasión a llegado, la glorificación del Mesías se acerca con prontitud y es anunciado por Él de manera muy clara; este anuncio seguido de la profecía sobre la negación de Pedro, es una llamada de atención a todos nosotros, los que seguimos a Cristo, a lo largo de nuestra vida. ¿Cuántas veces, impactados por las celebraciones litúrgicas, procesiones o representaciones que caracterizan a esta semana, unidos el clima penitencial propio, nos llevan a hacer una reflexión pronta y sin medida de nuestra vida, lo que culmina con una rápida conversión y un compromiso de mejorarla, que al paso de los días olvidamos? Cristo nos hace este llamado, en la persona de Pedro a rectificar nuestra actitud, a dar nuestra vida sin condiciones y con la seriedad propia que conlleva su entrega por nosotros. Este pasaje de San Juan tiene muchos elementos en común con la parábola del sembrador, en especial el punto en que se hace referencia a la semilla que cae entre piedras. Esa semilla crece pero por no tener raíz, se seca rápidamente. Muy revelador resulta este pasaje para nosotros, ya que podemos vernos representados en esa semilla sobre piedra. ¿Somos aquellos que al escuchar la Palabra de Dios, nos sentimos ilusionados con ella, pero al sentir el rigor que esto implica, renunciamos sin más lucha? Pongamos especial atención a la oración colecta y pidamos celebrar los misterios de la Pasión del Señor con tal fe que merezcamos su perdón, a fin de que desde lo más íntimo de nuestro ser, se suscite un cambio de vida y de actuación ante los demás.

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos. Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa, en la cual la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por la entrada mesiánica en Jerusalén. Durante la Edad Media, el rito de los ramos adquirió un tono dramático, revistiéndose de cantos, bendiciones y expresiones plásticas. En el misal actual, la procesión y la misa ya no son dos partes independientes sino elementos de un todo. De hecho, ni la procesión tiene un final ni la misa un principio, pues aquélla desemboca en ésta como su rito de entrada. De este modo, el domingo de ramos se presenta como presagio del triunfo real de Cristo y anuncio de la Pasión, aspectos que han de evidenciarse tanto en la celebración como en la catequesis del día. La procesión resalta no tanto el simbolismo de las palmas y ramos cuanto el homenaje a Cristo, Mesías-Rey, y sigue el ejemplo de quienes le aclamaron como redentor de la humanidad. Según el Catecismo: “La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia se abre a la Semana Santa” (n. 560).

Oración por Mi Esposo

Señor, tú que sondeas los corazones y escudriñas en las profundidades del alma, hoy quiero hablarte del hombre que para mi corazón es muy amado.
A quien elegí para que sea mi compañero y mi mejor amigo;
a quien preferí y escogí entre las páginas de mi vida.
Quiero pedirte por su corazón,
míralo con ternura y acaricia sus heridas más profundas,
sana su memoria de recuerdos dolorosos y regálale la alegría siempre nueva para sus labios.

Colma su corazón de amor, para que sus palabras, sus gestos transmitan a quienes estamos a su lado la compañía y la seguridad que tanto necesitamos.

Fortalece sus manos, para que su trabajo sea digno y bueno; guía sus pensamientos para que sus pasos sean bendecidos.
No alejes tu mirada de sus días, para que se sienta muy amado por Ti.

Atráelo hacia tus Fuentes, si se encuentra alejado;
manténlo muy unido a Ti, si ya está aferrado a tus amores.
Toma su mano y guíalo cada día para que como padre y esposo, sea fiel a tus mandamientos
y su sola presencia inspire fuerza, valentía y seguridad.

Que su familia pueda recurrir a él, como sostén y guía, fuerza y ayuda en cualquier situación.
Que nuestros hijos descubran en él, al modelo perfecto de amor y seguridad; 
que en sus brazos aprendan del valor del trabajo y la fidelidad y que por sus palabras 
beban de honestidad y responsabilidad.

Bendice su trabajo y las manos que día a día no se cansan;
que todos sus caminos sean bendecidos y que yo, como esposa, descubra en él…
el amor verdadero y eterno que siempre anhelé.

Dame capacidad de entenderlo y amarlo, sin pretender cambiarlo, más bien valorarlo.
Que corrija con prudencia y camine a su lado respetando su individualidad y diferencias.
Que lo ame y cada día lo conduzca con mis oraciones y ejemplo,
hacia nuestro fin, que es el Cielo, donde el amor será eterno.

Que encuentre en él la fuente del amor humano, 
que su corazón no sea turbado y que nuestros corazones
al mismo ritmo de amor fusionen su latir, para que quienes comparten nuestras vidas, vean en nosotros la belleza del amor humano.

Amén

Frases del Papa Francisco que nos llegan al corazón

No sirve de mucho la riqueza en los bolsillos cuando hay pobreza en el corazón

Cuando vayas subiendo saluda a todos. Seguro que son los mismos que vas a encontrar cuando vayas bajando

Nunca he visto un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, nunca. Pero existe un tesoro que podemos llevar con nosotros, un tesoro que nadie puede robar, que no es lo que "hemos ahorrado" sino " lo que hemos dado a los demás"

El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer más hombre al marido

Tener un lugar a donde ir se llama Hogar

Tener personas a quien amar se llama Familia y tener ambas se llama BENDICIÓN

Jamás provoques lágrimas en un rostro que te ha regalado sus mejores sonrisas

No llores por lo que perdiste, lucha por lo que te queda.

No llores por lo que ha muerto, lucha por lo que ha nacido en ti.

No llores por quien se ha marchado, lucha por quien está contigo.

No llores por quien te odia, lucha por quien te quiere.

No llores por tu pasado, lucha por tu presente.

No llores por tu sufrimiento, lucha por tu felicidad... Con las cosas que a uno le suceden vamos aprendiendo que nada es imposible de solucionar, solo sigue adelante 

Pedir perdón no siempre significa que estamos equivocados y que el otro está en lo cierto. Simplemente significa que valoramos mucho más una relación que nuestro ego