La Santísima Trinidad, un solo Señor

"Bendito sea Dios Padre. y su Hijo Unigérito, y el Espirtu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros"
El fundamento de nuestra fe está en la vida trinitaria. Somos bautizados en el nombre de la Santa e Indivisible Trinidad. Esto quiere decir en primer lugar, que somos llamados a vivir como familia. Ser imagen y semejanza de Dios es reflejar ese Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Un Amor que crea, respeta, valora, perdona y por eso es un Amor que perdura eterno. inabarcable. Necesitamos de esa sabiduría, como lo expresa la primera lectura, para que podamos entender los designios de Dios, saber actuar no por nuestros propios medios sino bajo la voluntad de Dios. Actuar trinitariamente es expresar ese Amor de Dios que no se puede "violentar", luchemos para que todas las cosas sean reflejo de esa Unidad en el Amor. Quien vive desde el Amor trinitario, podrá comprender lo que el apóstol San Pablo nos ha expresado tan hermosamente: "la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada; la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado". Jesús, reconoce que toda la tarea que viene después de su Resurrección, tendrá que ser asistida por el Espíritu Santo; sólo así la Verdad plena puede brillar. La vida trinitaria será guiada y fortalecida con el Espíritu Santo. Que cada día, hermanos, al hacer la señal de la Cruz, nos comprometamos con esta misión trinitaria que tenemos en el mundo. No hagamos la cruz mecánicamente, hagámosla despacio, con veneración, respeto, unción, sabiendo y entendiendo lo que decimos y lo que haremos siempre.

El Espíritu de Dios, llena mi vida. ¡ Pentecostés !

"El Espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignorar ningún sonido". (Sab 1, 7)
En este domingo, como Iglesia nos alegramos por la Solemnidad de Pentecostés. Podemos decir que un día como hoy, nace nuestra lglesia. La efusión del Espíritu Santo impregna en cada persona, la fuerza para ser testigos de la Resurrección del Señor. En los Hechos de los Apóstoles ya encontramos la primera característica de una lglesia guiada por el Espíritu Santo: estar reunidos. Es el Espíritu de la unidad, la concordia, la armonía y la paz. Había gente de muchos lugares y la fuerza del Espíritu Santo los hacía entenderse. Es necesario hablar el lenguaje del AMOR, sin importar la cultura, condición social, etc. Cada uno de nosotros debe contribuir para que la faz de la tierra cambie. Nuestro rostro iluminado por el Espíritu Santo debe ser ese rostro alegre que el mundo necesita, especialmente, el de la misericordia. No seamos indiferentes a la respuesta del Salmo de hoy, que haciéndolo vida, el mundo será diferente. Para esto es necesario cumplir con las palabras que San Pablo nos propone: "vivir bajo la acción del Espíritu Santo". Todos somos diferentes, pero cada uno debe aportar lo mejor de sí, con todos sus dones y talentos. Hacer de la diferencia una riqueza, siempre y cuando se vaya en un mismo camino, guiados por el Señor. Hoy aprenderemos a presentarnos ante el mundo como lo hizo Jesús resucitado, con el gesto de la paz. Cuando digo paz, entonces me comprometo a erradicar de mi vida todo aquello que me hace actuar como una persona egoísta. Pentecostés es la apertura a Dios, vivida en una actitud de caridad con la lglesia y el mundo.

Nuestra Señora de Fátima

"¡Salve, Madre Santa!, Virgen, Madre del Rey, que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos".
Celebramos, llenos de júbilo, la aparición de Nuestra Señora a los tres pastorcitos de Fátima: Jacinta, Lucía y Francisco, ocurrida en 1917 en Portugal, particularmente en Cova de Iría. Lucia, de 9 anos, Francisco de 8, y Jacinta, de 6, se encontraron con una resplandeciente figura que les dijo: "Soy el Angel de la Paz". Durante aquel año, vieron dos veces la misma aparición. Los exhortó a ofrecer constantes "plegarias y sacrificios" y a aceptar con sumisión los sufrimientos que el Señor les enviaba, acto de reparación por los pecados con los que Él es ofendido. El 13 de mayo de 1917 se les apareció una "Señora toda de blanco, más brillante que el sol, a quien Lucía preguntó de dónde venía; ella respondió: "Vengo del cielo". Les pidió que regresaran al mismo lugar durante seis meses seguidos, los días trece. Fátima es un fuerte llamado a la conversión y a la penitencia, dando un gran impulso al pecador para que regrese lo más pronto al centro de Evangelio que es el corazón de Dios. La Congregación para la Doctrina de la fe ha manifestado que "Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas. La primera y la segunda parte del secreto se refieren sobre todo a la aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia, en su defección de la fe cristiana y en adhesión al totalitarismo comunista, provocaría a la humanidad" Hoy recordamos con devoción. esta festividad mariana junto con el mensaje de Nuestra Señora: "Recen el rosario todos los dias, oren mucho; hagan penitencia por los pecadores, muchos van al infierno porque nadie se preocupa de orar y hacer penitencia por ellos. La guerra está por terminar, pero si no dejan de ofender al Señor, no pasará mucho tiempo antes que empiece otra peor. Quiten el pecado de sus vidas y trabajen para eliminarlo de la vida de los otros y colaboren así a la redención del Salvador". Que en nuestra oración siempre esté presente el ofrecer sacrificios por nuestra conversión y la de todos los pecadores con el propósito de no ofender más a Dios.

Feliz Día de las Madres !!!!!!

La Ascensión del Señor

"Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo volverá como lo han visto marcharse. Aleluya" (Hch 1, 11)

"No nos quedemos mirando al cielo" El Señor asciende al cielo, es decir, nos deja el compromiso de ver cuál es la meta de nuestra vida. El se presentó como "el Camino"; ahora entendemos mejor que seguirlo es el camino seguro para heredar la vida eterna. "No nos quedemos mirando el cielo" como aquellos hombres. Sigamos con los pies en la tierra, continuemos pisando nuestro mundo lleno de cosas positivas y negativas. No podemos ser ciegos a la realidad que nos corresponde vivir. Es necesario levantar la mirada a lo alto y pedir la fuerza divina para no enfrentar la vida con las fuerzas humanas sino con la fuerza de Dios. Jesús no nos abandona, simplemente se distancia para que cada uno de nosotros tome el lugar que le corresponde y luche por continuar esa obra de Dios. Comienza el tiempo de la presencia de Dios; su Espíritu será quien guie nuestro caminar cada uno dará lo mejor de sí para que el Reino de Dios sea creíble. "Regresaron a Jerusalén llenos de gozo". Después de celebrar esta solemnidad de la Ascensión del Señor, debemos regresar gozosos, porque sabemos que no estamos solos. Sin las pruebas de la vida, nuestra fe seria muy fácil de vivir; en ellas la fe se fortalece y nos llenan de valor. Ahora es el tiempo de cumplir con nuestra tarea de ser discípulos del Señor. El ha confiado en nosotros y no podemos fallarle. Debemos regresar a nuestra realidad pero con la fuerza que recibimos de lo Alto. Cada vez que celebramos la Eucaristía, rezamos el Rosario, hacemos un acto de Piedad, hagámoslo para impregnar esa realidad de la vida de Dios, de lo que nos llenamos con el Pan Eucarístico y de la Palabra. Ascender es seguir mostrando el camino de Dios a toda persona que se cruza en nuestra vida, con palabras, enseñanzas, hechos y sobre todo con el ejemplo desde el silencio.

La exaltación de la Santa Cruz

Al celebrar con júbilo esta Fiesta, conmemoramos el día en que fuera encontrada la Santa Cruz de nuestro Señor, el 14 de septiembre del año 20, por la Emperatriz Santa Elena madre del Emperador Constantino. Esta hermosa celebración se realizó después de que fuera dedicada la Basílica de la Resurrección, construida sobre el sepulcro de nuestro Señor Jesucristo. El Madero Santo en el que murió el Señor, es el signo de su victoria, el árbol de la Cruz donde se dio la salvación del mundo. Cristo mismo había dicho: "cuando sea exaltado sobre la tierra, atraeré a todas las cosas hacia mí" (Jn 12, 32). El 13 de septiembre del año 335, tuvo lugar la consagración de las basílicas de la "Anastasis" (Resurrección) y del "Martirium" (de la Cruz) sobre el Gólgota. Al día siguiente, se expuso (solemnemente) a la veneración de los fieles, la Cruz del Señor. Las lglesias que poseían una reliquia de la Cruz mostraban a los fieles en un acto solemne que se llamaba "exaltación" el 14 de septiembre. De ahí deriva el nombre de la Fiesta. La Cruz es la más bella historia de amor, el mayor abajamiento y despojamiento del Hijo de Dios y su más grande exaltación. Ahí nos mostró que su misericordia no tenía limites y que ni la muerte podía hacerlo retroceder en su compromiso por la salvación de todos. La fiesta de la Exaltación de la Cruz no significa que el cristianismo ame el sufrimiento, el dolor o el sacrificio por sí mismos, lo que exaltamos es el amor incondicional del Señor hacia nosotros: que "habiendo amado los suyos, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1). Queridos hermanos: tengamos al santiguarnos respeto y confianza en Dios; hagámoslo con delicadeza desde la frente hasta el pecho y de hombro izquierdo hasta el derecho pronunciando los tres Santísimos Nombres de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; colocando todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos ante el Señor. En Colombia esta fiesta no se celebra el catorce de septiembre sino el tres de mayo.

Oración al Espíritu Santo

Oh Espíritu Santo, promesa siempre abierta del Hijo y don del Padre, que aboga sin descanso en favor nuestro ante el Padre todopoderoso: llena nuestra vida de tu paz para que con nuestras manos seamos constructores de "puentes" de fraternidad y no "muros" de división; para que con nuestras palabras sembremos el Evangelio y no el egoísmo ni el rencor; para que nuestros pies sean mensajeros del bien y no de la guerra ni del dolor; para que todos nuestros pensamientos sean signos de claridad y no de envidia ni de oscuridad. Espíritu Santo, fuego amoroso de Dios, concédenos la fuerza y la sabiduría necesarias para hacer vida la Sagrada Palabra; para guardarla como la Santísima Virgen María: en su corazón, dando al mundo el mejor fruto que la humanidad haya podido engendrar: una Carne para la cruz y un Corazón para toda la humanidad. Señor de bondad y de misericordia, concédenos tu silencio para soportar con paciencia las dificultades, y la sabiduría para superarlas. Amén.

Domingo de Pascua: Cristo ha Resucitado !!!!

Se celebra hoy el gran misterio, fundamento de la fe y de la esperanza cristiana: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. No es difícil imaginar cuales serían, en aquel momento, los sentimientos de las mujeres que seguían a Jesús y a los apóstoles: sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero. Sin embargo, la tumba estaba abierta y vacía: ya no estaba el cuerpo. Pedro y Juan, avisados por las mujeres, corrieron al sepulcro y verificaron que ellas tenían razón. La fe de los apóstoles en Jesús, el Mesías esperado, había sufrido una dura prueba por el escándalo de la cruz. Pero ahora, al ver las vendas en el suelo, empiezan a comprender, especialmente Juan, que todo lo que decían las Escrituras se estaba cumpliendo. Hoy es un día para estar alegres, como nos dice el salmo del día de hoy: «éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 117 (118), 24). Nuestra vida ha adquirido una nueva dimensión porque ya no estamos destinados a la muerte definitiva sino a la plenitud. Alegrémonos con toda la Iglesia, que celebra con gozo este domingo de resurrección, y entonemos: ¡Aleluya, el Señor ha resucitado, aleluya!

Sabado Santo: No está aquí, ha resucitado, como había dicho.

(Papa Benedicto XVI) El Sábado Santo es el día en el que la liturgia calla, el día del gran silencio, en el que se invita a los cristianos a mantener un recogimiento interior para prepararse mejor a la Vigilia pascual. En muchas comunidades, se organizan retiros espirituales y encuentros de oración mariana para unirse a la Madre del Redentor, que espera con trepidante confianza la resurrección de su Hijo crucificado. En la Vigilia pascual, el velo de tristeza que envuelve a la Iglesia por la muerte y la sepultura del Señor será rasgado por el grito de victoria: ¡Cristo ha resucitado y ha vencido para siempre a la muerte! Entonces podremos comprender verdaderamente el misterio de la cruz. “Dios crea prodigios incluso en lo imposible escribe un autor antiguo- para que sepamos que sólo Él puede hacer lo que quiere. De su muerte procede nuestra vida, de sus llagas, nuestra curación, de su caída, nuestra resurrección, de su descenso, nuestra elevación” (Anónimo). Animados por una fe más sólida, en el corazón de la Vigilia pascual acogeremos a los recién bautizados y renovaremos las promesas de nuestro bautismo. Así experimentaremos que la Iglesia está siempre viva, que siempre rejuvenece, que siempre es bella y santa, porque está fundada sobre Cristo que, tras haber resucitado, ya no muere nunca más. Queridos hermanos y hermanas, el misterio pascual, que el Triduo sacro nos hace revivir, no es sólo recuerdo de una realidad pasada: es una realidad actual. También hoy Cristo vence con su amor al pecado y a la muerte. El mal, en todas sus formas, no tiene la última palabra. El triunfo final es de Cristo, de la verdad y del amor. Como nos recordará San Pablo en la Vigilia pascual, si con Él estamos dispuestos a sufrir y morir, su vida se convierte en nuestra vida (Rm 6, 9). En esta certeza se basa y se edifica nuestra existencia cristiana. Invocando la intercesión de María Santísima, que siguió a Jesús por el camino de la pasión y de la cruz, y lo abrazó antes de ser sepultado, les deseo a todos que participen con fervor en esta Vigilia pascual para experimentar la alegría de la Pascua junto con todos nuestros seres queridos.

Viernes Santo: ¡Cristo Muere en la Cruz por Amor!

Hoy contemplamos la Muerte de Cristo en la Cruz por amor a los hombres. El Papa Francisco nos recuerda que “en el Viernes Santo, que es día de penitencia y ayuno, conmemoraremos la Pasión y la Muerte de Jesús, permaneciendo absortos en adoración de la Cruz. «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo». En el Calvario, el Hijo de Dios cargó sobre sí nuestros pecados, ofreciéndose al Padre como víctima de expiación. Desde la Cruz, fuente de nuestra salvación, brota la vida nueva de los hijos de Dios. Con la muerte en Cruz, Cristo nos ha reconciliado con Dios y ha puesto en el mundo las bases de una convivencia fraterna entre todos. En Cristo, el ser humano frágil, y que anhela la felicidad, ha sido rescatado de la esclavitud del maligno y de la muerte, que engendra tristeza y dolor. La Sangre del Redentor ha lavado nuestros pecados. Así hemos experimentado la fuerza renovadora de su perdón. La misericordia divina abre el corazón al perdón de los hermanos, y, con el perdón ofrecido y recibido, es como se construye la paz en las familias y en todos los demás ambientes de vida.” Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin Cruz, sin velas ni adornos. Los ministros ordenados se postran en el suelo y la asamblea permanece de rodillas ante el altar al comienzo de la celebración de la Pasión del Señor y de la Adoración de la Santa Cruz. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente, que implora perdón por sus pecados. Sus ornamentos son de color rojo, el color de los mártires: de Jesús, el Primer Testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como Él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece. El Mesías se ha hecho carne de nuestra carne, y ha asumido el ser hombre hasta la muerte y una muerte de Cruz. Pero fue una muerte aceptada como rescate por todos, muerte Redentora, muerte que nos da vida. Que hoy, al celebrar el Vía Crucis, la Pasión y Adoración de la Cruz, junto con el Sermón de las Siete Palabras y el descendimiento del Señor al Sepulcro, contemplemos desde nuestra vida a Jesús que nos otorgó la Salvación a precio de su Sangre desde el madero de la Cruz.

Jueves Santo: La Cena del Señor

Termina la Cuaresma. En la tarde de hoy iniciamos el inicio del Sagrado Triduo Pascual, es decir, los últimos días de la Semana Santa, donde conmemoraremos la Última Cena, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En las horas de la mañana (si no se ha celebrado en días anteriores), el Obispo de la Diócesis, junto con sus sacerdotes, diáconos y el pueblo de Dios congregado, bendice el Óleo de los Catecúmenos (para el Bautismo) y el Óleo de los enfermos (Unción para los enfermos o personas que se encuentran débiles por la vejez), y consagra el Crisma (para el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal), que sirven para la administración de los Sacramentos en los cristianos. Además, en esta misma Celebración Eucarística, los Sacerdotes hacen la Renovación de sus Promesas Sacerdotales, que hicieron públicamente el día de su Ordenación. El Santo Triduo Pascual, inicia en la tarde con la Celebración de la Última Cena, o Misa vespertina del Jueves Santo, donde Cristo instituye el Sacramento de la Eucaristía, el Sacramento del Orden Sacerdotal y nos deja el Mandamiento nuevo del Amor, bajo el signo del Lavatorio de los pies, manifestado en el servicio al prójimo. El Papa Francisco nos dice: este gesto “es conmovedor. Jesús que lava los pies a sus discípulos. Pedro no comprende nada, lo rechaza. Pero Jesús se lo ha explicado. ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn. 13,12-15). Es el ejemplo del Señor: Él es el más importante y lava los pies porque, entre nosotros, el que está más en alto debe estar al servicio de los otros: «yo estoy a tu servicio». Y, ¿qué significa? Que debemos ayudarnos los unos a los otros. Así pues, Jesús en el Sacramento de la Eucaristía quiso quedarse con nosotros, haciéndose nuestro alimento de salvación”. “Tomad y comed, tomad y bebed. Haced esto en conmemoración mía”. Para ello, deja el Sacramento del Orden Sacerdotal, hombres tomados de entre hombres, consagrados para hacer presente a Cristo en la tierra. No puede haber Eucaristía sin Sacerdocio, ni Sacerdocio sin Eucaristía. Queridos hermanos, después de la Eucaristía, la Liturgia nos invita a permanecer en oración delante de Jesús Eucaristía. Velaremos en adoración con el Señor, cumpliendo el deseo que Él manifestó a los Apóstoles en el huerto de los Olivos: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt. 26, 38).