Celebración en torno a la Corona de Adviento: Tercer Domingo


Bendición de la Corona de Adviento: La tierra, Señor, se alegra en estos días y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se acerca como luz esplendorosa para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del campo y la ha adornado con luces. Ahora, pues, que vamos a empezar el Tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de Aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Tercer domingo de Adviento (tercera vela) 

ORACIÓN: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la Buena Noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles y llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor! 

Para este domingo se sugiere meditar la primera carta a los Tesalonicenses 23. 

El aquí y el ahora exige de parte nuestra una responsabilidad, ya que permanentemente nos invita a vivir de manera coherente y a dejar que la paz de Dios ilumine nuestro caminar, para llegar a dar respuesta a los interrogantes que plantea el mundo. No estamos solos, dicho de otra manera, Dios camina a nuestro lado; no dejemos que los afanes de lo cotidiano nos aparten de la Comunión con Dios, para que las realidades del otro se vean colmadas de la Presencia de nuestro Salvador


Cuarto domingo de Adviento (4ta vela) 

ORACIÓN: La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad, salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace; ellos son los benditos de Dios que lo acogieron. Dios no encuentra mejor lugar que aquel pesebre, porque allí estaba el Amor inmaculado que lo recibió 

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón 

Este último domingo de Adviento, meditemos el texto de la segunda carta a los Tesalonicenses 1,6-7 

El quehacer cristiano nunca espera ser recompensado por la materialidad que lo circunda; todo lo contrario, lucha incansablemente para que la Presencia del Maestro penetre todas las esferas del ser humano y así pueda llegar a disfrutar de la Presencia del Reino de Dios en medio del mundo. La fe no puede ser simple retórica, es necesaria la acción y la eficacia para que la sapiencia de Dios, impresa en el corazón del que cree, conquiste la mente y el corazón del que se declara ajeno a Dios.


Oración final 

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que cuantos, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su cruz lleguemos a la gloria de su Resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Tercero del Tiempo de Adviento "Gaudete"

"Estén siempre alegres en el Señor les repito: estén alegres. El Señor está cerca (Flp 4, 4.5) 

El día de hoy damos inicio a la Novena de Navidad, dejemos que esta peregrinación suscite en nosotros la docilidad necesaria, para que la Palabra. escuchada llegue hasta la división del alma y el espiritu (Hb 4, 12), llevándonos a volver la mirada al interior de nuestro ser para ver con claridad nuestra realidad y reconocer así la necesidad del otro. Pidamos a la Virgen María, mujer de la escucha y el testimonio, que interceda ante su Hijo, para que Él, en su infinita misericordia, infunda en nosotros el deseo de servirle y obrar conforme a su Voluntad. 

Estén siempre alegres en el Señor
En este tercer domingo de Adviento ya se empieza a sentir la alegría por la Venida del Señor, por eso es llamado "domingo de gaudete", o de la alegría. Este sentimiento de gozo es comparable al de los padres cuando se enteran de que viene un bebé en camino; aún no lo ven, pero lo pueden sentir. Como veremos en la liturgia de la Palabra de este día, el profeta Sofonias nos invita a estar alegres porque Dios nunca ha abandonado a su pueblo. Asimismo, San Pablo, a la comunidad de Filipo y hoy a nosotros, nos lo repite: "alégrense en el Señor". Nuestra Iglesia puede pasar por momentos de crisis que parecen tener la capacidad de hundirla, pero ante ellos nosotros debemos mantener la alegría por todas las cosas buenas que hay en Ella y comprometernos a cambiar todo aquello que genere heridas o dolor. ¿Qué aportamos a nuestra Iglesia? A propósito de Pablo, cabe destacar que él nos pide que nos alegremos "en el Señor", porque la verdadera alegría proviene de Él y por eso no debemos finalizar el Tiempo de Adviento sin tener presente que Jesús nacerá espiritualmente en nosotros. Por otra parte, en el Evangelio, a Juan el Bautista le hacen una pregunta muy válida para nosotros también: ¿qué debemos hacer? La respuesta es sencilla: compartir y ayudar a los más necesitados, no abusar de nuestro poder y no aprovecharnos de la debilidad de los demás, en pocas palabras, hacer más amena y alegre la vida a nuestro prójimo. Hermanos, que esta Navidad no se preste solamente para hacer natillas, buñuelos, fiestas, regalos, paseos, etc., sino para compartir con alegría la Buena Noticia de la Venida del Señor. 

Nuestra Señora de Guadalupe - Diciembre 12

Al celebrar esta festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, el Papa Francisco nos exhorta: "hacemos en primer lugar memoria agradecida de su visitación y cercanía materna; cantamos con Ella su Magnificat, y le confiamos la vida de nuestros pueblos y la misión continental de la Iglesia. Cuando se apareció a San Juan Diego en el Tepeyac, se presentó como la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios; y dio lugar a una nueva visitación. Corrió presurosa a abrazar también a los nuevos pueblos americanos, en dramática gestación. Fue como una gran gran señal aparecida en el cielo (...), mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies' (Ap 12,1), que asume en si la simbología cultural y religiosa de los pueblos originarios, anuncia y dona a su Hijo a todos esos nuevos pueblos de mestizaje desgarrado. Tantos saltaron de gozo y esperanza ante su visita y ante el don de su Hijo, que la más perfecta discípula del Señor se convirtió en la 'gran misionera que trajo el Evangelio a nuestra América' (Aparecida, 269). El Hijo de María Santísima, se revela así desde los orígenes de la historia de los nuevos pueblos como 'el verdaderísimo Dios por quien se vive', buena nueva de la dignidad filial de todos sus habitantes. Ya nadie más es solamente siervo, sino todos somos hijos de un mismo Padre, hermanos entre nosotros, y siervos en el Siervo. La Santa Madre de Dios visitó a estos pueblos y quiso quedarse con ellos. Dejó estampada misteriosamente su imagen en la tilma de su mensajero para que la tuviéramos bien presente, convirtiéndose en símbolo de la alianza de María con estas gentes, a quienes confiere alma y ternura". En 1910 el Papa Pio X la proclamó Patrona de América Latina y en 1979 el Papa San Juan Pablo II consagró a Ella todo el continente americano.

La Navidad eres Tú

"La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien un poco de silencio , para oír la voz del Amor."

Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida. Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir. Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, alegría y la generosidad. Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor. La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor. Eres también los reyes Magos, cuando das lo mejor que tienes sin importar a quien. La música de Navidad eres tú cuando conquistas la armonía dentro de ti. El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano. La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos. La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y re-estableces la paz, aun cuando sufras. La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado. Tú eres, sí, la noche de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones; tú eres sonrisa de confianza y de ternura, en la paz interior de una Navidad perenne que establece el Reino dentro de ti. Una muy Feliz Navidad para todos los que se parecen a la Navidad.
Papa Francisco

Celebración en torno a la Corona de Adviento: Segundo Domingo


Bendición de la Corona de Adviento: La tierra, Señor, se alegra en estos días y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se acerca como luz esplendorosa para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del campo y la ha adornado con luces. Ahora, pues, que vamos a empezar el Tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de Aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Segundo domingo de Adviento (segunda vela) 

ORACIÓN: Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando; se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne. Que cada uno de nosotros, Señor, se abra para que nazcas, para que brotes, para que florezcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Divino Salvador! 

Después de la oración, se sugiere meditar la segunda carta de Pedro 3,13-14 

La esperanza del creyente se fundamenta en la promesa de llegar a disfrutar de una absoluta plenitud; claro está que la misma debe ser alcanzada de manera progresiva, es decir, no podemos esperar que todo se nos dé a manos llenas sin aportar nada. Tenemos que aportar mucho más de lo que imaginamos para que desde aquí vayamos sembrando, regando y cuidando aquello que hemos de cosechar en la eternidad.


Tercer domingo de Adviento (tercera vela) 

ORACIÓN: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la Buena Noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles y llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor! 

Para este domingo se sugiere meditar la primera carta a los Tesalonicenses 23. 

El aquí y el ahora exige de parte nuestra una responsabilidad, ya que permanentemente nos invita a vivir de manera coherente y a dejar que la paz de Dios ilumine nuestro caminar, para llegar a dar respuesta a los interrogantes que plantea el mundo. No estamos solos, dicho de otra manera, Dios camina a nuestro lado; no dejemos que los afanes de lo cotidiano nos aparten de la Comunión con Dios, para que las realidades del otro se vean colmadas de la Presencia de nuestro Salvador


Cuarto domingo de Adviento (4ta vela) 

ORACIÓN: La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad, salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace; ellos son los benditos de Dios que lo acogieron. Dios no encuentra mejor lugar que aquel pesebre, porque allí estaba el Amor inmaculado que lo recibió 

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón 

Este último domingo de Adviento, meditemos el texto de la segunda carta a los Tesalonicenses 1,6-7 

El quehacer cristiano nunca espera ser recompensado por la materialidad que lo circunda; todo lo contrario, lucha incansablemente para que la Presencia del Maestro penetre todas las esferas del ser humano y así pueda llegar a disfrutar de la Presencia del Reino de Dios en medio del mundo. La fe no puede ser simple retórica, es necesaria la acción y la eficacia para que la sapiencia de Dios, impresa en el corazón del que cree, conquiste la mente y el corazón del que se declara ajeno a Dios.


Oración final 

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que cuantos, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su cruz lleguemos a la gloria de su Resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Preparen el Camino del Señor, Allanen sus Senderos - Diciembre 09

Pueblo de Sion: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de su corazón" (Is 30, 19.30) 

La Misericordia de Dios no se hace esperar, pues en Jesús Él nos revela su Amor y nos enseña a ser misericordiosos. Nosotros, como imagen y semejanza de Dios, debemos reflejarla en nuestras actitudes y comportamientos, ya que Él se seguirá revelando en la medida que nosotros seamos ese "rostro amoroso y misericordioso". A esto nos invita la primera lectura del profeta Baruc. Por otro lado, San Lucas nos hace la invitación a preparar el camino del Señor, pues con el Tiempo de Adviento nos unimos a la labor de Juan el Bautista. Nosotros seguimos preparando todo para la venida del Señor en la medida que amamos a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. El camino continúa y necesita que pasemos por ahí, dejando huellas para que otros las sigan. Los que ya están contribuyendo a la construcción del Reino de Dios, que no olviden las palabras del apóstol san Pablo en la segunda lectura de hoy: "quien inició en ustedes la buena obra la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús". Hermanos, que cada acción que realicemos sea un compromiso con lo que Dios nos pide. Durante este Tiempo de Adviento, revisemos cómo llevamos nuestra vida y si corresponde al plan que Dios ha trazado para nosotros.

Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María - Diciembre 08

"Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios; porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas". (Is 61, 10) 

Celebramos llenos de júbilo la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de nuestra Madre Santísima y en hora buena el Papa Francisco nos recuerda con sus palabras bien emotivas que "hoy contemplamos la belleza de María Inmaculada. El Evangelio, que narra el episodio de la Anunciación, nos ayuda a comprender lo que celebramos, sobre todo a través del saludo del ángel. Él se dirige a María con una palabra que no es fácil de traducir, que significa 'colmada de gracia', 'creada por la gracia', 'llena de gracia' (Lucas 1, 28). Antes de llamarla María, la llama llena de gracia y así revela el Nombre nuevo que Dios le ha dado y que le conviene más que el que le dieron sus padres. También nosotros la llamamos así, en cada Ave María. ¿Qué quiere decir llena de gracia? Que María está llena de la Presencia de Dios. Y si está completamente habitada por Dios, no hay lugar en Ella para el pecado. Es una cosa extraordinaria, porque todo en el mundo, desgraciadamente, está contaminado por el mal. Cada uno de nosotros, mirando dentro de sí, ve algunos lados oscuros. También los santos más grandes eran pecadores y todas las realidades, incluso las más bellas, están tocadas por el mal: todas, menos María. Ella es el único 'oasis siempre verde' de la humanidad, la única incontaminada, creada inmaculada para acoger plenamente, con su 'Si' a Dios que venía al mundo y comenzar así una historia nueva. Cada vez que la reconocemos llena de gracia, le hacemos el cumplido más grande, el mismo que le hizo Dios". Que nuestra Señora, María Inmaculada, nos ayude a permanecer sin mancha para agradar a Dios como Ella lo hizo.

San Nicolás (270/+345) - Diciembre 06

A pesar de haber nacido en Asia Menor, también se le conoce como San Nicolás de Bari, pues sus reliquias fueron llevadas a esta ciudad de Italia durante el pontificado de Urbano II. Nació en el año 270 en Licia, actual Turquía. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres; decía a sus padres: "sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto". Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna, por lo que decidió repartir sus riquezas entre los pobres para luego irse de monje a un monasterio en el que luego fue ordenado sacerdote. Después de visitar Tierra Santa, volvió Turquía y llegó a la ciudad de Mira, donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad porque el anterior había muerto. Encomendaron el asunto Dios y dijeron: "elegiremos a próximo sacerdote que entre al templo. Sin saber esto, en ese momento entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por haber sido tan amigo de la niñez, y por otras historias en las que resalta su generosidad, la veneración al santo se confundió con las tradiciones paganas, por lo cual se le hizo proveedor secreto de regalos para los niños cada 6 de diciembre. Dicha costumbre fue popularizada en los Estados Unidos por los protestantes holandeses de Nueva York, que deformaron la expresión alemana "Sankt Nikolaus" por "Santa Claus", quien distribuye regalos entre los niños la víspera de Navidad y representa como un anciano vestido d rojo, con una barba blanca, que pasa de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños (entre nosotros lo conocemos como Papá Noel). Murió en el año 345 en Mira (Turquía).

Celebración en torno a la Corona de Adviento: Primer Domingo


Bendición de la Corona de Adviento: La tierra, Señor, se alegra en estos días y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se acerca como luz esplendorosa para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del campo y la ha adornado con luces. Ahora, pues, que vamos a empezar el Tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de Aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Primer domingo de Adviento (primera vela) 

ORACIÓN: En esta primera semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque Tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la verdadera alegría. ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús! 

Para esta ocasión se sugiere meditar Marcos 13, 33 

San Marcos nos invita a estar preparados y a dejar de lado todo lo que nos pueda separar del amor de Dios. No se trata de aislarnos del mundo, sino de iluminar con nuestro testimonio la oscuridad que trae consigo el pecado. Que este tiempo lo ocupemos viendo con detenimiento lo venidero, para que la cotidianidad cobre sentido con la Presencia de Aquel que está por nacer.


Segundo domingo de Adviento (segunda vela) 

ORACIÓN: Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando; se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne. Que cada uno de nosotros, Señor, se abra para que nazcas, para que brotes, para que florezcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Divino Salvador! 

Después de la oración, se sugiere meditar la segunda carta de Pedro 3,13-14 

La esperanza del creyente se fundamenta en la promesa de llegar a disfrutar de una absoluta plenitud; claro está que la misma debe ser alcanzada de manera progresiva, es decir, no podemos esperar que todo se nos dé a manos llenas sin aportar nada. Tenemos que aportar mucho más de lo que imaginamos para que desde aquí vayamos sembrando, regando y cuidando aquello que hemos de cosechar en la eternidad.


Tercer domingo de Adviento (tercera vela) 

ORACIÓN: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la Buena Noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles y llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor! 

Para este domingo se sugiere meditar la primera carta a los Tesalonicenses 23. 

El aquí y el ahora exige de parte nuestra una responsabilidad, ya que permanentemente nos invita a vivir de manera coherente y a dejar que la paz de Dios ilumine nuestro caminar, para llegar a dar respuesta a los interrogantes que plantea el mundo. No estamos solos, dicho de otra manera, Dios camina a nuestro lado; no dejemos que los afanes de lo cotidiano nos aparten de la Comunión con Dios, para que las realidades del otro se vean colmadas de la Presencia de nuestro Salvador


Cuarto domingo de Adviento (4ta vela) 

ORACIÓN: La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad, salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace; ellos son los benditos de Dios que lo acogieron. Dios no encuentra mejor lugar que aquel pesebre, porque allí estaba el Amor inmaculado que lo recibió 

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón 

Este último domingo de Adviento, meditemos el texto de la segunda carta a los Tesalonicenses 1,6-7 

El quehacer cristiano nunca espera ser recompensado por la materialidad que lo circunda; todo lo contrario, lucha incansablemente para que la Presencia del Maestro penetre todas las esferas del ser humano y así pueda llegar a disfrutar de la Presencia del Reino de Dios en medio del mundo. La fe no puede ser simple retórica, es necesaria la acción y la eficacia para que la sapiencia de Dios, impresa en el corazón del que cree, conquiste la mente y el corazón del que se declara ajeno a Dios.


Oración final 

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que cuantos, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su cruz lleguemos a la gloria de su Resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Tiempo de Adviento

"A TI, Señor, levanto mi alma: Dios mio, en Ti confío; no quede yo defraudado; que no triunfen de mi mis enemigos pues los que esperan en Ti no quedan defraudados" (Sal 24, 1-3) 

"ESTÉN SIEMPRE DESPIERTOS Y MANTÉNGANSE EN PIE ANTE EL HIJO DEL HOMBRE"
Queridos hermanos, comenzamos el Tiempo de Adviento marcado, como siempre por la esperanza, virtud que nos da la Gran Noticia de Dios, que dice que el ser humano primero debe ser libre en su interior y cumplir los mandamientos para ser una persona de bien ante la sociedad. El día de hoy, el profeta Jeremías nos plantea cómo Dios cumplirá su promesa en Jesús: recordemos que el pueblo de Israel tenía la esperanza de un libertador, pero lo imaginaban como un líder terrenal; en cambio, Dios tenia destinado para ellos un Mesías distinto, uno que revelara su justicia entre los menos favorecidos. Por otra parte, en este Tiempo de Adviento necesitamos entrar en un proceso de conversión, razón por la cual el apóstol Pablo nos llama a la Santidad en la segunda lectura. La preparación para la Navidad debe incluir un sincero deseo de cambio, de lo contrario no podemos hablar de nacimiento, sino de muerte, porque el pecado está presente. San Lucas, aunque alude a un lenguaje apocalíptico, describe situaciones en las que se requiere la necesidad de saber discernir. Estamos en un mundo donde suceden cosas que pueden confundir y tergiversar la fe, por eso debemos estar preparados para nuestro encuentro con Dios. Lo importante no es lo que pueda suceder, sino el acontecer de nuestra vida espiritual que lleve a la conversión.

Seis símbolos de la Corona de Adviento y su significado


La forma circular: El circulo no tiene principio ni fin. Es señal del amor Dios que es eterno, sin principio y sin fin, por ende es también signo de nuestro amor a Dios y al prójimo. 

Las ramas verdes: Verde es el color de la esperanza y la vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. 

Las cuatro velas: Cada una de ellas representa un domingo de Adviento. Es un signo que podemos hacer tanto en la Iglesia como en casa. 

Las manzanas rojas: Representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo, pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

Las campanas: Representan la espera activa del cristiano a la venida de Nuestro Señor. 

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.