Señor, danos humildad !!!

Señor, maestro y redentor nuestro, Tú nos guías con tu Palabra y nos sostienes con los sacramentos, invitándonos en todo momento a cambiar de vida. Te damos infinitas gracias porque eres un Dios fiel y misericordioso que cumple sus promesas y que no se deja llevar por el peso de nuestros pecados. En este precioso día, buen Jesús, te suplicamos que nos perdones porque en muchas ocasiones prestamos más atención a lo que el mundo piensa que a lo que Tú quieres de nosotros, aun cuando esto signifique ir en contra de tu santísima voluntad. Ya no queremos continuar viviendo de apariencias, por eso, imploramos que infundas en nosotros la vida de tu Santo Espíritu para que Él, por su poder, destierre de nosotros toda incoherencia y haga brillar la grandeza de tu amor. Amada Virgen María, Madre y refugio del pecador, toma nuestra vida límpiala y presentala al Padre como ofrenda para que al venir de Ti, Él la reciba con gusto. Amén.

Señor, ayúdame a perdonar !!!

Señor Jesús, tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y por tu entrega en la cruz nos has entregado la salvación y el perdón de nuestros pecados Nos presentamos ante Ti humildes y penitentes, rogándote que escuches nuestras suplicas y nos concedas aquello que realmente necesitamos en nuestras vidas. Hoy, amado Señor, imploramos que nos des la sabiduría, la fuerza, el entendimiento, la prudencia y la humildad del Espíritu Santo, no solo para aceptar nuestras faltas y pedir perdón, sino también para dar el primer paso con aquella persona que nos ha ofendido. Virgen María, Madre y maestra nuestra, no permitas que la indiferencia nos aleje de nuestros hermanos, ni que la incoherencia nos aparte de Dios, antes bien, amada Virgen limpianos de todo aquello que esté en contra de la divina voluntad Amén

Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles

Solemnidad. Cada 29 de junio, en la solemnidad de san Pedro y san Pablo, apóstoles, recordamos a estos grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, hacemos una solemne confesión de fe en la lglesia única, santa, católica y apostólica. Ante todo es una fiesta solemne de toda la lglesia. El Papa de la misericordia, Francisco, nos envía su santa bendición y a la vez nos dice que "al recordar a los santos Pedro y Pablo asociamos también a María imagen viva de la lglesia, esposa de Cristo, que los dos apóstoles plantaron con su sangre. San Pedro conoció personalmente a María y en diálogo con Ella, especialmente en los días que precedieron a Pentecostés (Hch 1, 14), pudo profundizar el conocimiento del misterio de Cristo. San Pablo, al anunciar el cumplimiento del designio salvífico en la plenitud del tiempo, no dejó de recordar a la mujer de la que el Hijo de Dios había nacido en el tiempo (Gál 4, 4). María, Pedro y Pablo: son nuestros compañeros de viaje en la búsqueda de Dios; son nuestras guías en el camino de la fe y de la santidad; ellos nos conducen a Jesús, para hacer todo lo que El nos pide. Invoquemos su ayuda para que nuestro corazón pueda estar siempre abierto a las sugerencias del Espíritu Santo y al encuentro con los hermanos". San Pedro y san Pablo sufrieron el martirio en Roma. La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a estos dos santos y pilares de la lglesia representando todo el Evangelio de Cristo: el primero, entre los años 54 y el segundo, hacia el año 67. San Pedro murió crucificado, cabeza abajo cerca del lugar que ocupa la Basílica Vaticana, edificada sobre su sepulcro. San Pablo murió decapitado, según la tradición, junto a la vía Ostiense, a cinco kilómetros de Roma, cerca de la Basílica construida sobre su sepulcro.

Nacimiento de San Juan Bautista

El 24 de junio celebramos la Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista. El capítulo primero de evangelio de san Lucas nos cuenta de a siguiente manera el nacimiento de san Juan: "Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar. Al verlo se asustó, y el ángel le dijo: "No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás a Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá muchos para Dios". El venerable Papa Benedicto XVI nos dice que con excepción de la Virgen María, el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento,y lo hace porque está íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. De hecho, desde el vientre materno, Juan es el precursor de Jesús: el ángel anuncia a María su concepción prodigiosa como una señal que "para Dios nada hay imposible" (Lc 1, 37). Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: "Este es de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él" (Mt 11, 10-11)

Cuerpo y Sangre de Jesucristo

"El Señor los alimentó con flor de harina, y los sació con miel silvestre" (Sal 80, 17) 
Todos los días celebramos la Eucaristía. El jueves santo, le damos mucha importancia al Monumento donde se adora la Presencia de Cristo en la Eucaristía. Probablemente nos vamos acostumbrando a asistir a la Eucaristía, a visitar los monumentos, pero ¿habrá adoración? ¿Podemos comprender lo que realmente Jesús quiso significar en este sacramento admirable? Muchas veces, con respeto, hay personas que pelean por la forma en que se debe recibir el cuerpo de Cristo, pero en realidad, ¿el hecho es pelear? La adoración puede estar expresada en un gesto, pero también está en el interior. Por ejemplo, una persona que se arrodille para comulgar (muy respetable), pero "critica" a quien no lo hace; ¿habrá recibido a Jesús en adoración, cuando en su mente habia critica?. En un día como hoy, Jesús, Pan de Vida, nos recuerda que el pan está hecho de muchos granos de trigo. Cada grano de trigo es una persona. En el pan ya no se ven los granos de trigo. Todos en Cristo nos transformamos. Una cosa es catequizar my otra criticar o imponer. Jesús toma el alimento para indicar, entre otras cosas, la fuerza, la unidad y el llenarnos de Dios. Cada vez que comemos de este Pan es para recibir la fuerza espiritual y desde la fe saber vivir como cristianos, San Pablo, nos invita a seguir la tradición para saber manteneria, no deteriorarla y lo principal es vivir con fe y devoción la Cena del Señor, creando un solo cuerpo como lo ha querido Jesús. El Señor sigue multiplicando el pan en cada una de nuestras obras, gestos y acciones, cuando son presencia suya y manifiestan su entrega por Amor a la humanidad. No podemos celebrar la Eucaristía y luego crear división, enemistad, odio, intriga, muerte. Hagamos hoy una hermosa visita a Jesús sacramentado y propongámonos vivir de su alimento como Pan de Vida.

Tus pecados están perdonados

"Escúchame, Señor, que te llamo, Tu eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación". (Sal 26, 7.9)
Miremos la Palabra de Dios desde una actitud de humildad: Dios quiere hablarnos al corazón y cada uno debe responder con generosidad. Desde allí en el libro de Samuel, hay una interpelación: "Te parece poco, estoy dispuesto a darte todavía más". Qué interesante hacer un inventario espiritual de nuestra vida y ver todas las cosas que hemos recibido de Dios. El puede darnos más, pero quizás no hemos administrado bien lo que ya tenemos. Abandonamos el proyecto de Dios y no respondemos a su amor como es debido. Su plan lo corrompemos y muchas veces actuamos en contra de su ley. Como David, reconozcamos que somos pecadores y desde ahí prestemos mucha atención a las consecuencias que ha generado esta actitud y el daño que ha causado, para luego remediarla. San Pablo nos invita a una experiencia espiritual admirable: "Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí". Podemos asumir este reto y dejar que la vida pase por la crucifixión para tener la que Jesús ofrece, entrando así en la vida verdadera. El paso por la crucifixión implica entender que la vida nueva en Cristo debe transformar todo nuestro ser. Yo, pecador, debo ver a los demás con la misma misericordia con la que Dios me ve. El caso del Evangelio es evidente: un fariseo recibe la visita de Jesús, pero a su vez critica a la mujer que se acerca a ungir a su invitado. Si nos sentimos pecadores y perdonados por Dios, no deberíamos condenar a los demás por sus debilidades; por el contrario, tendríamos que hacer algo para ayudarlos. Aquella mujer sentía la necesidad de ser perdonada, por eso abre su corazón a Jesús sin interesarle los comentarios de los demás. El la acoge, la humaniza y la perdona por su misericordia. Así debe suceder con nosotros.

Dios es Misericordia

"El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quien temere? El Señor es la defensa de mi vida: ¿ quien me hará temblar? Ellos, mis enemigos y adversarios, tropiezan y caen" (Sal 26, 2-2) 
En numerosas ocasiones, cuando nos acomete una enfermedad o desgracia, pensamos que es un castigo de Dios a causa de nuestros pecados o mal comportamiento. Hoy en la primera lectura encontramos una situación como la detallada: "Has venido a mi casa para que recuerde yo mis pecados". En este año jubilar, no podemos olvidar que Dios se desborda en Misericordia ante la persona pecadora. Es cierto que el pecado está presente en la vida, pero Dios no nos recrimina por su causa; El devuelve la vida como lo hizo con aquel niño: "Mira, tu hijo está vivo". Por eso san Pablo en la segunda lectura quiere recordarnos que el Evangelio predicado no es obra humana sino divina. coloca su propia vida como ejemplo, citando su conversión, luego de ser perseguidor de la Iglesia. Nosotros debemos reconocer nuestras faltas con plena sinceridad con el fin de experimentar la vida nueva en El mismo Jesús, que "pasó por el mundo haciendo el bien", nos deja más lecciones por seguir, acrecentando nuestra fe y vida cristiana. Él sale al encuentro de la persona que sufre, tocando y sintiendo su dolor. Hermanos, en este domingo dejemos que la Palabra del Señor siga interpelando nuestra vida y por la invitación de la misericordia, reconociendo nuestros pecados y confiando en la bondad divina.

El Inmaculado Corazón de María

"Alegra mi corazón con tu auxilio y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho" (Sal 12, 6)
La celebración del Inmaculado Corazón de María está intimamente unida a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Los corazones sagrados de Jesús y de María santísima están maravillosamente unidos en el tiempo y en la eternidad, desde el momento de la encarnación. La lglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de María, su Madre. Por eso, nos consagramos al Corazón divino de Jesús por medio del Corazón sacratisimo de María, produciendo frutos en abundancia para el bien espiritual de la lglesia y el mundo entero. La fiesta del Corazón inmaculado de María fue oficialmente establecida por el Papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de la Bienaventurada Virgen "la paz entre las naciones, libertad para la lglesia, la conversion de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes". El Papa Pío XII, al instituir esta celebración, expresó elocuentemente. "Ha sido voluntad de Dios que, en la obra de la redención humana, la santisima Maria estuviera inseparablemente unida con Jesucristo; tanto, que nuestra salvación es fruto de la caridad de Jesucristo y de sus padecimientos, a los cuales estaban íntimamente unidos el amor y los dolores de su Madre. Por eso, el pueblo cristiano que por medio de María ha recibido de Jesucristo la vida divina, después de haber dado al Sagrado Corazón de Jesús el debido culto, rinde también al amantísimo Corazón de su Madre celestial, parecidos obsequios de piedad, amor, agradecimiento y reparación. En armonía con este sapientísimo y suavísimo designio de la Divina Providencia, y con un acto solemne, dedicamos y consagramos la santa Iglesia y el mundo entero al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María". Que todos los cristianos católicos oremos en este día de manera ferviente a la Madre del divino Salvador diciendo: Inmaculado Corazón de María, sé la salvación del alma mía. 

Sagrado Corazón de Jesús

Los proyectos de su corazón, de edad en edad, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre (Sal 32, 11-19) 
Cuando celebramos llenos de júbilo la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos remontamos a los primeros tiempos de la lglesia, cuando se meditaba sobre el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde brotaron sangre y agua. De este Corazón Sagrado nació la lglesia por ende se abrieron las puertas del cielo. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está por encima de otras devociones, porque veneramos al mismo Corazón de Dios, que es misericordia. Pero fue Jesús mismo quien, en el siglo XVII, en Paray-le- Monial, Francia, solicitó a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón. El 16 de junio de 1675 se le apareció Nuestro Señor y le mostró su Corazón a Santa Margarita María de Alacoque. Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y de cuyo interior salía una cruz. Santa Margarita escuchó a Nuestro Señor que le decía: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y, en cambio, de la mayor parte de ellos no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor". El Papa Pío XI nos exhorta con estas palabras: "Quienes mediten piadosamente todo este misterio, no podrán menos que sentir, encendidos en amor a Cristo, el deseo ardiente de expiar sus culpas y las de los demás; de reparar el honor de Cristo, de acudir a la salud eterna de las almas (sacramento de la Reconciliación). Quien con amor medite lo que hemos dicho y en lo profundo del corazón lo grabe, no podrá menos que aborrecer el pecado; se entregará a la voluntad divina y se afanará por reparar el honor ofendido de la divina majestad, ya sea orando asiduamente, sufriendo pacientemente las mortificaciones voluntarias y las aflicciones que sobrevinieren". Queridos hermanos, amemos a Dios y a nuestros hermanos con el mismo amor que brota del amantísimo Corazón de nuestro Señor. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

"Cristo, mediador de una nueva alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa (Heb 7, 24) 
Al celebrar alegres la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, elevamos una oración especial y sentida por todos los sacerdotes del mundo entero, ya que nuestro Señor Jesucristo instituyó este sacramento para bien de toda la Iglesia y la humanidad. El Sermón a los Hebreos afirma que nuestro Señor Jesucristo "tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos para ser misericordioso y Sumo Sacerdote, fiel lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo" (Hb 2, 17). Esta festividad nos conduce a ver al Hijo de Dios siendo el único mediador entre Dios y los hombres. La constitución Lumen Gentium (Luz de los pueblos), en el numeral 10, nos dice que "el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico se ordena el uno para el otro, aunque cada cual participa de forma particular del sacerdocio de Cristo. Porque el sacerdocio ministerial (obispos, presbíteros), en virtud de la sagrada potestad que posee, modela y dirige al pueblo sacerdotal, efectúa el sacrificio eucarístico ofreciéndolo a Dios en nombre de todo el pueblo; los fieles, en cambio, en virtud del sacerdocio real (sacerdocio bautismai), participan en la oblación de la Eucaristía, en la oración y acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la abnegación y caridad operante". Los sacerdotes de todo el mundo encuentran su ejercicio ministerial en el Sacerdocio de Cristo. Por esto, cuando el sacerdote ejerce una acción sacramental, es el Señor quien la realiza. Así mismo, cuando bautiza, es Cristo quien bautiza; cuando consagra el vino y el pan, es el mismo Jesucristo quien lo realiza. De esta manera, este día es considerado como fiesta del sacerdocio ministerial, pero también es una hermosa oportunidad para reflexionar sobre el sacerdocio bautismal que todos los fieles cristianos compartimos. Elevemos una oración por todos los sacerdotes para que el Señor, que los ha llamado a su servicio, continúe obrando en ellos la misión de salvar almas

La Visitación de la Santísima Virgen María

"Fieles de Dios, vengan a escuchar; les contaré lo que el Señor ha hecho conmigo" (Sal 65, 16) 
Celebramos el día en que María se puso en camino y fue aprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando a voz en grito, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno" (Lc 1, 39- 42). La visita de María Santísima a su prima Isabel es la visita del Dios con nosotros a su pueblo amado. San Ambrosio escribió elocuentemente acerca de este Segundo Misterio Gozoso que "El ángel que anunciaba los misterios, para inducir a creer por un hecho, ha anunciado a María, una Virgen, la maternidad de una esposa anciana y estéril, mostrando de este modo que Dios puede hacer todo cuanto le agrada. Desde que oyó esto Maria, no como incrédula del oráculo, ni como insegura del anuncio, ni como dudosa del hecho, sino alegre en su deseo, para cumplir un piadoso deber, presurosa por el gozo, se dirigió hacia la montaña. Llena de Dios, ¿podía ella no elevarse presurosa hacia las alturas?. Los cálculos lentos son extraños a la gracia del Espíritu Santo. Esta fiesta, introducida primero el dos de Julio, tuvo su origen remoto en la liturgia romana del siglo VI, en función de la preparación de la Navidad. El arzobispo Juan Jenstein de Praga en 1386, la introdujo en su diócesis y el Papa Urbano VI y su sucesor Bonifacio IX en 1389, la extendieron a toda la Iglesia, para invocar el fin del cisma entre el Papa Urbano VI y el antipapa Clemente VII. El Concilio de Basilea. en 1441 la reconfirmó. Que la Madre de Dios nos siga visitando ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.